Acampada de Sol.
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Estimados ciudadanos indignados,
Lo primero, me gustaría felicitarnos por el gran movimiento y ejemplo que estamos dando al mundo. Nunca pensé que pudiera sentirme tan orgulloso de formar parte de esta sociedad que hasta hace poco me decepcionaba en su placentero inmovilismo.
Es evidente que a la clase política y a muchos analistas de los medios de comunicación esto les ha cogido con el pie cambiado y son incapaces de entender el fondo de la cuestión, que es, si no me equivoco, la reforma del sistema mediante el cual se gestiona nuestra convivencia.
Mientras unos se centran en buscar tremendas teorías conspiratorias y nos remiten a la Moncloa, otros siguen pidiendo el voto sin sonrojarse. Muchos periodistas, imbuídos en su día a día del bipartidismo imperante son incapaces de analizar más allá de clasificar de izquierdas o derechas las iniciativas, de buscar a qué partido perjudicará o beneficiará, de pedir que se abandonen las protestas y se formen partidos para cambiar el sistema desde dentro. Definitivamente no han entendido nada.
Como si abstenerse o pedir el voto a partidos minoritarios no fuera una opción democrática, como si pedir un cambio en la ley electoral y en la constitución fuera un sacrilegio, como si garantizar que las decisiones que afectan a todos sean debatidas y consensuadas por todos fuera una utopía, como si la representatividad bipartidista actual fuera la panacea.
No es una mera cuestión de crísis económica, aunque pueda ser el desencadenante, es una cuestión de descontento general y de falta de alternativas, de falta de confianza y de injusticia social, de falta de ideas que ilusionen, de falta de honradez y de honestidad. Y de esta situación tenemos la culpa todos. Proponer y buscar soluciones nunca puede ser un problema.
En segundo lugar, me gustaría advertir de una serie de giros que está tomando la iniciativa y que pueden desvirtuar la globalidad y las profundas razones de las principales reivindicaciones. Desde todo tipo de partidos, organizaciones y medios de comunicación se están produciendo movimientos para apropiarse o clasificar las protestas bajo ideologías o sistemas económicos determinados.
Desde mi punto de vista, esto debe ser un movimiento que aglutine a la gran mayoría de la sociedad civil que, independientemente de su pensamiento político, solicita un sistema de gobierno digno, honesto, en busca del interés general y no partidista o personal, con un modelo de elección más justo y que exija la veracidad y realización de los programas políticos.
Todos estos requerimientos son completamente independientes de ser de izquierdas o derechas (si es que la derecha y la izquierda sigue existiendo), de ser liberal, comunista, empleado, directivo, emprendedor, propietario o arrendatario. Es la búsqueda del sentido común y dentro del sentido común que se vayan desarrollando las políticas que la mayoría elija, la mayoría de verdad, en una elección de verdad con una estecha fiscalización de las actuaciones de los elegidos.
No me gustaría que este objetivo con el que me veo profundamente identificado, que secundo sin cortapisas y que estoy seguro que apoyaría la gran mayoría de la sociedad, se vea enturbiado con añadiduras ideológicas o de políticas concretas. Retomemos el ejemplo de la transición para realizar otra transición a un sistema democrático depurado y mejor.