En la imagen, varios billetes de euro.
EFE/Archivo
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Entretenidos con nuestras pequeñas grandes cosas, los duelos de vieja rivalidad futbolística, la derrota de nuestra selección invencible en Wembley, los misterios del Sálvame o La Noria, las fazañas de Pepiño o de Iñaki, las falsas lágrimas de la barbuda dueña doña Dolorida o con las tramposas y estultas campañas electorales del duopolio imperfecto, no nos damos cuenta de lo verdaderamente importante. Nos han robado la soberanía. La poca soberanía que creíamos tener, si es que teníamos alguna.
Al cabo, va dar igual votar a un subalterno que a otro. Y no porque unos sean malos y otros peores, cuando no absolutamente pésimos, que también, sino porque en la práctica somos nuevos súbditos europeos del euro-kaiser, del Cuarto Reich, vivamos en Florencia, Setúbal, Atenas o La Coruña.
Si no hay sorpresas sangrientas como en anteriores campañas, el 20 N ganará el PP de modo que podrá formar gobierno. Mariano hace bien en esconder el programa de su futuro gobierno, suponiendo que de verdad lo tenga, porque, al final, si no quiere que le den un golpe de Estado pecuniario como a Grecia o a Italia tendrá que hacer lo que le manden. Además sin tapujos ni disimulos, humillando a los Parlamentos respectivos.
Para que se note bien quien manda de verdad. Y al pueblo dicen que soberano a pagar sin rechistar los platos que ha roto él pero sobre todo otros. De modo que, si no tiene otra cosa mejor que hacer, puede elegir al recadero financiero para el próximo cuatrienio, si es que dura.
Pues no será para tanto objetará algún amable lector. Pues por desgracia creo que sí. No hay más que observar la realidad de las últimas semanas sin las usuales anteojeras autonómicas ni siquiera nacionales para encontrar tales evidencias de razón.
Lo que a cierta frívola prensa española le suena tan risible, es decir las malas andanzas de Papandreu o las del bufonesco cavaliere destituido aprovechando el cierre de la bolsa hasta el lunes, y las humillaciones sufridas por sus respectivos pueblos, no es muy distinto de lo que nos ha sucedido ya por dos veces en esta legislatura, cuando las crisis de mayo del año pasado o de este agosto.
Aquí tenemos el espectáculo que nos acaban de dar Zapatero y Mariano cambiando la constitución ellos solos con nocturnidad y alevosía para complacer exigencias ajenas. Una nueva redacción constitucional que consagra una cesión de soberanía por la cual será prioritario pagar la deuda dicen que soberana incluso antes que a pensionistas o funcionarios.
La situación es muy grave. E indica la escasa calidad de nuestras instituciones y de las gentes que las representan, ya que no las sirven. Nada que ver, por ejemplo, con la lucidez de un Thomas Jefferson, ilustre masón padre de la patria americana y tercer presidente de EEUU:
"Pienso que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que ejércitos enteros listos para el combate. Si el pueblo americano permite un día que los bancos controlen su moneda, los bancos y todas las instituciones que florecerán entorno a los bancos, privarán a la gente de toda posesión, primero por medio de la inflación, luego por la recesión, hasta el día en que sus hijos se despertarán un día sin casa ni techo, sobre la tierra que sus padres conquistaron".
En eso están y con este sistema no podemos impedirlo.