Opinión
Fernando Grande-Marlaska. Cuatro

Sensibilidad fuera de toda duda del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, con las víctimas del terrorismo.

Este 13 de junio de 2018, en una conmovedora misiva en el diario ABC, José Miguel Cedillo García, víctima de la barbarie etarra, aseguraba que el nuevo titular de Interior se hizo eco de una misiva que había publicado en el diario y que nada más llegar a su despacho el pasado lunes 11 de junio de 2018 lo primero que hizo fue llamarle para mostrarle su más firme compromiso.

Así comienza la misiva:

Que el ministro del Interior en su primer lunes te llame a las 9.30 como reacción a la carta publicada en ABC, en la que pedía que no nos fallara a los huérfanos de ETA que necesitamos del Estado, te reconcilia con que de verdad hay otras formas de ser y estar en política. Detrás de las formas claro que tendrá que venir el fondo y solucionar la precaria situación que tenemos los huérfanos con secuelas acreditadas, a los que la vida se nos hizo una cuesta arriba insuperable cuando siendo niños asesinaron a nuestros padres, y a los que cuarenta años después se nos sigue negando el reconocimiento de pleno derecho, dejando sin sentido las palabras dignidad, justicia y reparación. Nosotros nos las creímos.

En mi casa nos creímos a quienes antes que usted iban de homenaje en homenaje, de tuit en tuit, de foto en foto repitiendo dignidad, justicia y reparación. Siempre creímos que en algún momento nos llegaría. Entendimos que el país tenía otras urgencias. Y mientras tanto, dignidad, justicia y reparación se repetían en los telediarios, en los tuits de condolencias, en los homenajes, descubrimientos de placa, fotos, muchas fotos.

Detalla que:

En los últimos cinco años hemos querido cambiar el orden de las cosas y ser nosotros -mi madre, que enviudó con 25 años y ahora tiene 61, y yo, huérfano desde los 3 (ahora con 39)- los que repitieran «dignidad, justicia y reparación» hasta convencer a quienes antes que usted ocuparon ese cargo de que hay una deuda de paz pendiente con las víctimas de segunda generación. Somos de Sevilla, así que imagínese las dificultades de hacer esto en Madrid. Entonces las formas fueron radicalmente otras. Desaires, ninguneo, mentiras y el vacío. Y el doble discurso de tuits, homenajes, placas y fotos, muchas fotos para calmar conciencias.

Por eso, porque he vivido y sufrido la inexplicable experiencia de que un político te desprecie en lugar de servirte, aún doy más valor a su llamada, quién sabe si su primera llamada desde el Ministerio.

Recuerda que:

Hay mucho trabajo que hacer, sobre todo para que la Oficina de Víctimas vuelva a ser un instrumento útil, y sé de lo que hablo como psicólogo que soy. De su boca sé que está por la solución de que los huérfanos de ETA tengamos el reconocimiento de pleno derecho y las coberturas que nos hagan cada paso de la vida menos difícil. Insisto en que no se lo pondrán fácil aquellos que solo entienden una realidad plana en términos de quién gana o pierde votos con según qué cosas. Se olvidan de la viñeta de El Roto con la leyenda de «mientras más miro los números, más borrosas veo a las personas».

Y concluye:

De momento, ministro, le agradezco su llamada, que tomo como síntoma de que está más cerca el momento en que dignidad, justicia y reparación vuelvan a ser palabras de nuevo llenas de sentido y sensibilidad.