Los derechos de los animales, el simio y el ser humano.

Maximino Soriano.

¿Es creíble esa imagen de aparente moderación centrista que pretenden dar los radikales de izquierda?

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Podemos: Unión de Centro Radikal

¿O toda esta campaña no es sino una estratagema para buscar los votos del electorado de centro?

Laureano Benítez Grande-Caballero, 21 de octubre de 2015 a las 09:09
Estas palabras del «Coleta morada» podrían servir de 'acta fundacional'

Es bien sabido que «la política hace extraños compañeros de cama». Esta frase siempre me ha recordado aquella genial ocurrencia de meter al león y al cordero en el mismo lecho que patentó el Isaías bíblico: «El lobo y el cordero pacerán juntos, y el león, como el buey, comerá paja, y para la serpiente el polvo será su alimento. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte -dice el Señor-».

Pero lo más sorprendente no es la cohabitación entre dos especies irreconciliables, sino el fenómeno de que ambas se dan en un mismo animal, en un caso claro de «trastorno de identidad disociativo» -para decirlo con lenguaje psiquiátrico-, debido al cual el león se metamorfosea en cordero, en el primer acontecimiento de travestismo que registra la historia.

Esta transformación de algo en su contrario semeja cantidad la filosofía taoísta del «ying» y el «yang», según la cual cada elemento lleva en sí el germen de su contrario. ¿Puede ser, entonces, que el lobo tenga genes de cordero inscritos en su ADN? ¿O todo es una sutil estratagema del león para zamparse el cordero? Desde luego, no hay viceversa posible, ya que un cordero no aspira a hacer del león una parte de su menú ecológico y vegetariano.

Traduciendo esta historia fabulística al terreno político, entramos de lleno en la posibilidad de que en este campo se haya conseguido por fin la cuadratura del círculo, o sea, meter al círculo y al cuadrado en la misma cama, en geométrica coyunda.

¿A quién cabe el honor de esta hazaña sin parangón? Sí: a los podemitas, pues no me digan que no es cuadrar el círculo que la izquierda radikal aspire a transmutarse en un partido centrista con el fin de tomar el cielo por asalto, igual que se asaltan los palacios, sobre todo los de invierno.

Esto es así hasta el punto de que los antisistemas morados han creado el mayor engendro político que vieron los siglos, el cual podría llevar el estupefaciente título de «Unión de Centro Radikal».

Estas palabras del «Coleta morada» podrían servir de «acta fundacional»:

«Algunas de las decisiones políticas que hemos tomado en este año y medio han tenido que poner en una balanza las dinámicas de construcción de nuestra fuerza política con la maximización de las posibilidades de lograr el objetivo político para el que nacimos: ganar las elecciones generales para impulsar el cambio político».

O, para decirlo con más rotundidad, cuando dice:

«Me considero marxista, pero soy consciente de que cambiar las cosas no depende de los principios».

El trasfondo filosófico de estas palabras podría ser perfectamente la conocida frase del genial Groucho Marx:

«Estos son mis principios; pero, si no le gustan, tengo otros».

Aunque aparece formulada metafóricamente con bastante anterioridad en aquellas palabras de «París bien vale una Misa»... «Y la Moncloa un cordero», podríamos rematar, lo cual es incluso más divertido, porque este cordero -para los ateos podemitas- es más apetitoso que el eucarístico, sin duda.

¿Un centro radikal? Pues qué le van a hacer los podemitas, si quieren acostarse en la misma cama que ese centro sociológico en el que se inscribe el 40% del electorado español, creando un fabuloso caladero de 11 millones de votos en los que quieren echar las redes, y no solo las sociales, para tomar el poder, con el anzuelo de un «rescate social» populista e irrealizable que a mí me recuerda otros travestismos y cohabitaciones, mira por dónde, porque a mí que eso del león y el cordero en la misma persona me trae a la memoria las escenas de tantos héroes del comic que -ante una necesidad imperiosa de rescatar de los malos a la buena gente- entran en una cabina o un servicio y, de ser unos aburridos y grises funcionarios que no ligan ni con receta médica, se convierten por arte de magia -realidad virtual diríamos hoy- en supermanes, batmanes, spidermanes, capitanes América, superlópeces, y entes heroicos parecidos. O sea, funcionarios anodinos cohabitando con arrolladores héroes salvamundos, corderitos que se convierten en reyes de la selva. El mundo al revés.

Así, podremos ver sin problemas asaltacapillas agitando botafumeiros; okupas jugando a «boy scouts»; radikales antiespañoles partidarios de la autodeterminación hablando de la Patria; ultraizquierdistas travistiendo la derecha en «arriba» y la izquierda en «abajo», mientras llevan la hoz y el martillo en el refajo, con la excusa de que es para cortarse la coleta a machetazos, cuando su malévola y revolucionaria intención es convertir las hoces en tijeras de trasquilar ovejitas; indios coletudos que antes berreaban sus alaridos salvajes por la pradera alternando y bebiendo champán con magnates del Club Bilderberg en salones versallescos... Incluso algún día veremos a toda esta patulea con corbata... o con «smoking», vete tú a saber. Ante esta cohorte cohabitadora, ¿sería creíble que el «Rey León», por fin, se cortara la coleta de la revolución y se adocenara como un corderito más?

Pero ojo al dato, ya que, al igual que las cabras tiran al monte, los leones tiran a la selva cuando huelen la sangre del poder. La pena es que los corderos tiran siempre a prados baladíes y funcionariales, apesebrados en su inconsciencia alienada, al igual que esos antílopes de la sabana, de los que siempre me admiró su cobardía atávica, que les lleva a correr antes que a enfrentar juntos al depredador. Con lo cual tenemos al cordero que tira al prado... y al león que se tira al cordero. Es lo que se llama una cadena trófica en los manuales ecologistas.

Porque lo cierto es que «la mona, aunque se vista de seda, mona se queda», «de casta le viene al galgo», «de tal palo, tal astilla» y «genio y figura, hasta la sepultura». Y es que la selva, al igual que el monte cabruno, es el adecuado ecosistema para los podemitas leonados, por aquello de que guerrillas y maquis son sus especies más características, y los corderos sus víctimas «delicatessen».

Ultraizquierdistas centrados, centristas radikales, antisistemas sistematizados o sistémicos, indios yankees, zarrapastrosos con corbata, leones aborregados... Esto es lo que desfilará en siniestro carnaval por el túnel que Podemos ha hecho -como un gigantesco butrón- para, partiendo de las maravillas transformistas de los patios okupas, de las cátedras rojas y emporradas de la Complutense, y de las sabanas donde las tertulias de las cadenas rojas quieren arropar al león y al cordero, llegar con su progrerío rojo y depredador al corazón del sistema para dinamitarlo y dar de comer los despojos a los buitres marxistas y chavistas.

Esta estrategia me recuerda la fábula aquella del escorpión que quería cruzar un arroyo y le pidió ayuda a una rana. Ésta, lógicamente, se negó, pero el escorpión le dijo que no le haría nada, ya que, en caso de hacerlo, también él se ahogaría, ya que los escorpiones no saben nadar.

La rana se confió y aceptó, pero el escorpión, a mitad de camino, le clavó su aguijón venenoso en la espalda. La pobre rana, paralizada por el dolor, le gritó mientras se hundía: «¿Y dónde está la lógica?»

El escorpión, con el agua ya hasta el cuello, le respondió: «¡Esto no fue por lógica, sino por el maldito carácter que tengo!»

Y es que está escrito, y conviene recordar antes de las elecciones: el escorpión y la rana nunca yacerán en la misma cama... ni cabrán en la misma urna, por supuesto.



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