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Aunque se esfuerzan en disimilarlo amenazando a «los de arriba»

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Sobre señoritos, pijos, arribas y abajos

La casta dirigente de Podemos la forman muchos pijos disfrazados de progre

Laureano Benítez Grande-Caballero, 05 de noviembre de 2015 a las 08:27

«No nos gustan los pijos. A partir del 24 vamos a limpiar de pijos las instituciones», anunció el Sr. Iglesias en cierta ocasión, y con esta frase higiénica y neofascista -que resume gran parte de su programa electoral- amenaza, una vez más, a los españolitos que no son de su agrado. O sea, sabes: no limpian Madrid, y ahora resulta que nos van a limpiar las instituciones.

Bien, como siempre va arremangado, dando a entender que curra sin descanso, pues ya tiene algo hecho para comenzar el prometido zafarrancho institucional, que se presume apocalíptico, pues también quieren limpiar el país de banqueros, símbolos religiosos, derechosos, recuerdos franquistas, concordatos, borbones, taurinos, señoritos...

Eso me recuerda aquella impagable imagen en la que un general observa un escenario totalmente destruido por la guerra y, ante ese erial desolado, dice: «¡Hemos ganado!». Victoria pírrica, que conquista ruinas y despojos, pero se trata de ganar lo que sea y como sea.

Y, claro, la pregunta es inevitable: ¿Quiénes son esos pijos a los que se amenaza? Según el diccionario de la Academia de la Lengua, pijo es una persona «que en su vestuario, modales, lenguaje, etc., manifiesta gustos propios de una clase social acomodada», especialmente referido a los jóvenes. Dentro de esta tribu urbana hay que incluir también a los señoritos.

Según la Academia, señorito es el «hijo de un señor o de persona de representación», un «joven acomodado y ocioso», concepto bastante similar al de pijo. Tanto uno como otro término son maneras castizas de nombrar a los ricos, a «los de arriba», aunque los pijos sean más Serranos y lo de señoritos suene como más andalú.

O sea, sabes, estos radikales, a los que tanto les gusta inventar jerigonzas, han descubierto dos nuevas especies en la ecología política: «la casta», y «los de arriba». ¿Son la misma tribu? A mí me gustaría que algún antisistema me lo explicase, pero me da que lo de casta es como más político, y eso de «arriba» suena más plutócrata. Pero, sinceramente, eso de «arriba y abajo» me suena más a serie británica de la BBC, y a esa canción popular donde un mozallón se maravilla de verle la liga y el refajo a su gachí.

También a los señoritos los señala el amenazante dedo podemita - son la especialidad de Íñigo «Potter Errejón-, con una larga cadena de perlas cultivadas: «El cambio no es que dulcifiquen su imagen ni se remanguen la camisa, ni que a los señoritos les quiten la chaqueta azul para ponerles la naranja». Como se ve, también amenazan a los chaqueteros, típica especie política de nuestro país. Otros a la lista negra.

Aparte del color de la chaqueta, el Sr. Turrión también está obsesionado con el color de los cinturones. En las elecciones catalanas dijo que «Cambiar el cinturón rojo por el naranja realmente es cambiarlo por el azul. Los señoritos ayudan a los señoritos». Experto en modas y karateca consumado nos ha salido Pablete, aunque no es de extrañar, pues tiene como discípulo a Íñigo «Shaolín», también conocido por «Pequeño saltamontes».

A propósito de las elecciones autonómicas del 24-M, decía Pablemos que «nos estamos jugando varias décadas y la posibilidad de tener un país para la ciudadanía, no un país de señoritos». O sea, sabes: debajo de los señoritos está «la gente».

Y de pijos y señoritos a fachas no hay más que un paso. O sea, sabes, aparte de que son ricos, son de derechas, dos cosas a perseguir por el fascismo radikal. Como decía Antonio Montiel, candidato de Podemos a la Generalitat valenciana:

«Ni los fachas de antes, ni los pijos de ahora nos van a dar lecciones».

Es el famoso «no nos moverán» redivivo, pero en plan más didáctico. En fin, que cada vez tenemos más gente en el paredón, con los antisistema apuntando. Me da que lo que realmente les molaría a estos fantoches ultraizquierdosos sería hacer un «ghetto» en la «Milla de oro» de Madrid -Serrano y aledaños-, donde encerrar a toda esta casta de señopijos y pijoritos, porque eso de los «gulags» ya no se lleva.

Los radikales antisistema no parecen pijos por su «torpe aliño indumentario», que diría Machado.

Pablete se viste en Alcampo, sin ir más lejos, para demostrar su antipijerío. Ellos van simplemente «aseaditos», aunque su aspecto talibanesco a veces parezca confundirnos. Sin embargo, el PP -por boca de su portavoz adjunto del Grupo Popular en el Congreso, Rafael Merino- califica a los radikales de «pijos disfrazados de progres», que critican a la escuela privada aunque algunos de ellos han estudiado fuera de España gracias a becas sufragadas con el dinero de todos los españoles.

Y lleva su razón, porque si señorito es un joven acomodado y ocioso, ése es justamente el perfil de muchos podemitas antipijos, muchos de los cuales son hijos de funcionarios, gente que nunca ha sufrido problemas económicos, que han ido por ahí de beca en beca y tiro porque me toca, ratones de biblioteca enfangados en sus doctorados y sospechosos proyectos e investigaciones bien remunerados con dinero caribeño y cheques de «ayatollahs».

Por ejemplo, el padre de Harry Errejón es un alto funcionario de la administración del Estado, y su vástago tiene una vida laboral que se limita al corrupto proyecto de investigación de viviendas andaluzas que presuntamente hizo desde Madrid, a la publicación de artículos y conferencias, y a Podemos. En fin, que aquí tenemos a un típico señorito... y de Aravaca, para más «inri».

Rita «la quemaora» era de profesión activista (¡¿). La asociación Juventud sin futuro, de la que es dirigente, está formada por una muchachada forjada en los cenáculos ultraizquierdistas de la Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense, un pijerío que no ha dado un palo al agua en su vida. Se da el caso de que varios concejales de «Ahora Madrid» no tenían ni siquiera cartilla de la Seguridad Social, pues nunca habían trabajado. Señoritingo puro y duro, pijerío a tope.

En cuanto a Pablemos, hijo de abogada y funcionario, estamos ante otro profesor universitario, tertuliano y presentador de sus programas televisivos, los cuales estarían en la más absoluta ruina de no recibir financiación de dictadores caribeños y ayatollahs.

O sea, que es un mantenido, que no ha sido obrero en su vida, «gente», como llama él a «los de abajo», a los «curritos» a lo que quiere redimir mesiánicamente.

Y es que estamos, ahora sí, ante una nueva especie sociopolítica, descubierta en los pantanos de la democracia: los «pijoprogres», o «progreritos», nuevos niños de papá que, aunque se vistan en Alcampo, pijos se quedan.

Ya lo dice la sabiduría popular: los extremos se tocan. Pero ya lo había dicho el sabio Hermes Trismegisto muchísimos siglos antes: «Como es arriba, es abajo». O sea, sabes: sí, maestro.



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