Club Bilderberg

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El «cambio» que promete Podemos es un burdo engaño y una quimera imposible

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Podemos, Iglesias, Bilderberg

En un mundo globalizado dominado por las élites financieras, donde los gobiernos deben obedecer los dictados de la oligarquía que controla los resortes del poder

Laureano Benítez Grande-Caballero, 24 de noviembre de 2015 a las 10:05

El Club Bilderberg es un lobby internacional formado por la casta plutocrática mundial, donde se integran los magnates de la comunicación, las élites financieras, las multinacionales más poderosas, lo políticos más influyentes, y algunos miembros de la aristocracia y la realeza. Con estos miembros, el Club es el verdadero gobierno mundial en la sombra.

Fundado en 1954, se reúne una vez al año en distintas sedes, y a sus convenciones suelen acudir unos 140 invitados, que debaten sobre la estrategia a seguir para controlar los destinos el mundo: diseñan guerras, cambian gobiernos, organizan campañas mediáticas, establecen las directrices económicas globales... gobiernan el mundo bajo el principio de la globalización, en una palabra.

Es la verdadera casta que manipula a todas las demás castas, que son simples marionetas suyas, peones en su macabro juego de dominación, codicia y poder. Bajo esta premisa, se supone que Podemos, enraizado en un visceral anticapitalismo anti-casta, tendría que haber hecho a este diabólico Club el blanco predilecto de sus ataques y denuncias, pues, en última instancia, es el responsable directo de todas las lacras del capitalismo que combaten los podemitas.

Sin embargo, desde la fundación de Podemos en enero de 2014, se han producido ya dos reuniones Bilderberg, sin que ningún miembro del «Club Podemos» haya hecho ni la más mínima mención de ellas, sin que ningún radikal podemita haya escrito ni siquiera un solo tuit para arremeter contra esa casta suprema que rige el mundo.

¿Ignorancia de los manejos de esta mafia plutocrática? Improbable, pues el núcleo duro de Podemos lo forman profesores de una Facultad de Ciencias Políticas.

¿No saben acaso estos intelectuales de becas y doctorados lo que ya empieza a ser del dominio público? No es desconocimiento, sino cobarde connivencia: no denuncian al Club Bilderberg porque, en su ambición por gobernar a cualquier precio, saben que no pueden oponerse a aquéllos sin cuya aprobación y aquiescencia es imposible alcanzar el poder político, pues el Club es quien controla los medios de comunicación y las finanzas necesarias para «asaltar los cielos».

El objetivo del Club Bilderberg es llegar al Nuevo Orden Mundial, que consiste en un mundo totalmente globalizado dirigido por un gobierno universal, detentado por una élite de financieros e intelectuales que ostentarían todo el poder y gran parte de la riqueza, con una única moneda y una única religión.

Pues bien, en el libro «Hay alternativas», escrito por Vicenc Navarro, Juan Torres López y Alberto Garzón -obra que constituye la base del programa económico de Podemos- encontramos que las dos primeras propuestas concretas de las 115 que figuran al final de la obra son las siguientes:

«GOBERNANZA MUNDIAL:

  • 1. Constitución de un gobierno mundial que permita compensar y reducir el poder de los grupos privados internacionales, así como facilitar la instauración de un mundo diferente.
  • 2. Asunción de competencia ejecutiva por parte de Naciones Unidas para la adopción de decisiones en materia económica y financiera, y siempre subordinando sus decisiones a la Declaración de Derechos Humanos».

Sospechosamente casual esta coincidencia con el programa Bilderberg, que ha sido puesta de relieve por la sevillana Cristina Martín Jiménez, periodista de investigación, la primera autora mundial en publicar un libro sobre los gerifaltes del Club, hace diez años, con el título «El Club Bilderberg: los amos del mundo», a la que han seguido otras publicaciones sobre el mismo tema.

Refiriéndose a Podemos, afirma que «ellos saben perfectamente dónde está el poder hoy en día: en el FMI, en el Banco Mundial o en el BCE. Y si quieren tener alguna posibilidad de llegar a ser presidentes, son con ellos con quien tienen que reunirse para pedirles apoyo». También asevera que, si Pablo Iglesias quiere gobernar, tendrá que pedir apoyo a la red de contactos de Estados Unidos.

Esta misma autora asegura que desde 1968 el objetivo del Club es destruir la identidad nacional de España, pues para conseguir el gobierno mundial primero hay que destruir las naciones. ¿Qué otra cosa pretende Podemos, pretendiendo llevar a la Constitución el derecho de autodeterminación, y defendiendo la libre entrada de todos los inmigrantes que lo deseen -sean o no legales-, sin ningún control, dándoles además el derecho a la plenitud de nuestro bienestar?

El Nuevo Orden Mundial del Club exige una única religión mundial de carácter sincretista, y para conseguirla es necesario primeramente acabar con la Iglesia católica, entusiasta objetivo de los podemitas, quienes, con su programa ferozmente laicista, propugnan una auténtica persecución de la Iglesia que parece copiado del masónico Gran Oriente de Francia.

Podemos es Bilderberg, Iglesias es puro Bilderberg... por la sencilla razón de que todos los líderes de los principales partidos políticos españoles y europeos son lacayos de los jerarcas del Club, como lo prueba su acceso al poder, imposible sin su consentimiento y apoyo. Si Podemos está ahí, es porque ya ha claudicado cobardemente ante los capitostes del mundo, porque de no hacerlo así jamás habrían tenido la exagerada cobertura mediática que les ha lanzado a la arena política.

Sr. Iglesias, déjeme que le diga que Podemos no es antisistema... no existen los antisistema, porque Bilderberg es el sistema, y nadie puede oponerse a él, bajo pena de sumirse en las cloacas de la historia y el olvido.

Usted busca el poder, satisfacer su megalomanía, aplacar su petulante arrogancia dictatorial, y para ello se está metamorfoseando de lobo en cordero, de león en aterciopelado gatito de Angora que lame baboso las ensortijadas manos de los mandamases del cotarro universal... Jamás podrá romper ninguna baraja, porque las cartas están ya marcadas, y la banca y el sistema siempre ganan.

Deberá inclinar la cerviz, hacer mil y una genuflexiones ante los gerifaltes del mundo, bailarles el agua, irles con el carrito del helado, saltar a su derredor como un perrito faldero, si es que quiere salir en la foto, y disfrutar de sus cinco minutos de gloria.

¿Cambio? ¿Qué cambio va a hacer usted, Sr. Turrión? Prometió a los incautos una tierra de leche y miel, un Paraíso de derechos sociales, un Jauja orgiástico de felicidad, un mundo celestial gratuito, pero será incapaz de tomar por asalto la fortaleza Bilderberg, que impone guerras, recortes, salarios de miseria, crisis, pérdida de derechos sociales... «¡Es el dinero, estúpido!».

Lo único que podrá cambiar su izquierda «antisistema» será el nombre de algunas calles, desterrar la corbata de algunos políticos, quitar el nombre de los patronos religiosos de algunas fiestas populares, ofender a los madrileños negándose a poner un Belén en Cibeles, incordiar a los taurinos...

¿A quién quiere engañar con esa mentira del cambio? ¿Cuántos «cambios llevamos ya»?, ¿cuántas «revoluciones»? El Club de «los de arriba» castra esas quiméricas subversiones, poda inmisericorde todas las asonadas proletarias, que acaban cambiando sólo los personajillos de la nomenklatura que nos manda, los mismos perros con distintos collares.

¿Cuántos Mesías nos han engañado, presentándose como salvapatrias, acabando como cantamañanas, meando pilas en las escombreras de la democracia, con la coleta cortada? Ya lo dicen los franceses, que de cambios saben un rato: «Cuanto más cambia todo, más sigue lo mismo».

¿Va usted a convertirse en Espartaco sublevándose contra el imperio Bilderberg? Pues ya sabe, o se humilla arrodillándose ante estos magnates, o irá de derrota en derrota hasta el fracaso final.



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