José Ignacio Sánchez Rubio.

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José Ignacio Sánchez Rubio

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La reforma electoral, fun..., fun..., fun...

José Ignacio Sánchez Rubio, 27 de agosto de 2016 a las 09:10

Un tema mollar ronda por la cabeza sus impúberes Señorías, los Diputados electos. Aclaramos que lo de impúberes lo decimos, porque ni los actuales ni los de la cosecha anterior se han estrenado en otra actividad que no sea la de cobrar y recepcionar su mochila electrónica.

El tema a que nos referimos es el de las próximas elecciones, que ya dan por descontadas y que, según el calendario electoral, tendrían que celebrarse el 25 de diciembre.

Como lo que les interesa de nosotros es exclusivamente nuestro voto, ya se han puesto a especular con la posibilidad de que, dada la solemnidad de la fecha, no vayan a votar mas que ellos.

Y para remediarlo, lo que se les ha ocurrido es reformar, aprisa y corriendo, la Ley Electoral, modificando lo relativo a los plazos de tramitación de la campaña electoral, a fin de que se anticipe unos días el de la votación.

No vamos a decir que la idea no sea buena, porque el día de Navidad es sagrado y deben relevarnos de acudir a las urnas, pero a NOSOTROS se nos ocurre que, además, y dada la categoría de Ley Orgánica que tiene la disposición electoral, sería una buena ocasión para incluir, además, otras dos reformas mucho más importantes que esa de los plazos. Nos estamos refiriendo a las reglas de cómputo y evaluación de los votos y al sistema de circunscripciones electorales.

En lo que a la primera se refiere, como todos sabemos, en la actualidad solamente pueden concurrir a las elecciones por cada provincia, aquellos partidos que hayan obtenido los avales necesarios de los electores de aquella circunscripción. Una vez celebrados los comicios, los escaños se distribuyen de una manera no proporcional entre los partidos que hayan recibido votos, aplicando la discutida ley D'Hont que perjudica gravemente a aquellos que obtienen menor número de votos. Es por ello que, salvo que uno de los partidos obtenga mayoría absoluta, puede suceder lo que está pasando ahora y que sean numerosos los partidos que obtengan representación parlamentaria y, consecuentemente, no exista forma de combinar los objetivos del número suficiente de ellos para conseguir formar Gobierno.
Son ya muchas las voces que se alzan en favor de que las elecciones se celebren por el sistema de doble vuelta, en el que pueden concurrir inicialmente todos los partidos pero que, salvo que uno de ellos obtenga mayoría absoluta, procede celebrar una segunda votación entre los dos primeros clasificados.

Es evidente que ello conlleva el que, para aquella segunda votación, se hayan establecido los pactos y alianzas entre partidos que se consideren convenientes. De esa forma, los pactos y acuerdos se llevan a cabo antes de las elecciones y no después, con lo que no se defrauda a los electores que así saben cuál es el destino final de su voto.

Y en lo que se refiere al reparto de parlamentarios por provincias, NOSOTROS consideramos que, dado que el Congreso de los Diputados es nacional y no provincial, las candidaturas presentadas por los partidos, deberían ser únicas para toda la nación. Tengamos en cuenta que, con el trasiego territorial de la población, buena parte de los españoles han de votar en provincia y para candidatos distintos de aquellos que corresponden a la de su nacimiento y raíz, pues es el lugar de empadronamiento el que marca las circunstancias del voto de cada ciudadano.

Por ello, y ya que, según parece, se proponen modificar la Ley Electoral, entendemos en este Partido que lo juicioso sería modificar el régimen de reparto de escaños en el sentido que hemos indicado.

La resolución de este escollo impediría que puedan estas terceras elecciones resultar baldías, igual que las dos anteriores, y tener que acudir a unas cuartas o sucesivas porque, como dice una de las leyes de Murphy, si algo malo puede suceder, terminará sucediendo; y está claro que puede volver a suceder de forma indefinida si se continúan aplicando las reglas de juego vigentes.

Mucho nos tememos que lo que sugerimos aquí, que forma parte de nuestro programa electoral, caiga en saco roto. Por una parte por la incertidumbre que se abriría en el futuro para los dos grandes partidos actuales, por otra porque a sus impúberes Señorías, ocupadas como están en seguir cobrando sin trabajar, no les interesa lo más mínimo nuestro futuro ni el de España.

Aún reciente en nuestra memoria se encuentra la mayoría absoluta obtenida por el Partido Popular en las elecciones de 2011, que les habría permitido realizar sin obstáculo alguno las reformas de calado que necesita nuestro querido país; pero aquella potencia se dilapidó sin oficio ni beneficio, suponemos que porque a sus directivos les interesaba más mantener el estado de cosas existente que la voluntad de los ciudadanos expresada en las urnas.

Hoy, los principales partidos con representación parlamentaria se encuentran en esa encrucijada en que tienen que elegir entre dos malas decisiones: Designar para que gobierne al representante del PP o volver a llevarnos a una tercera convocatoria electoral, después de la cual, muy probablemente, los parlamentarios volverán a estar frente al mismo escenario que ahora, con lo que se justifica nuestra hipótesis de que puede resultar fallida la intentona.

Y lo más curioso de todo, es que este sistema electoral también se aplica al resto de elecciones de nuestro país. La reforma a que aludimos, sería igualmente beneficiosa para las municipales en las que, como también es harto conocido, se producen a posteriori alianzas o decisiones contra natura con el resultado ilógico de que terminan gobernándo aquellos que peores resultados electorales han obtenido.

Y si lo que estamos propugnando en este artículo llegara a conmover a las impúberes Señorías y, por hacer algo de provecho, tramitaran y aprobaran una iniciativa parlamentaria en tal sentido, algo habríamos conseguido NOSOTROS, porque nuestra intención no es gobernar sino que los que lo hacen reformen nuestro sistema de Estado en el sentido que proponemos.

Ellos tienen la palabra y Uds. los votos, ¿Cuál será el resultado?

Como decía aquella famosa frase, lo más seguro es que... ya veremos.



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