Santiago López Castillo.

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Santiago López Castillo

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Sánchez, erre que erre

Santiago López Castillo , 22 de septiembre de 2016 a las 10:53

Se mira tanto en el espejo que apenas se ve. Vive el cuento del espejito mágico, que no deja de ser una mariconada, según se mire, claro. Le da igual que los espejos sean cóncavos o convexos. Se ha visto tan reflejado en los cristales deformes de las ferias que ya no ocupa lugar en la tierra. Está por encima del mundanal ruido y, por supuesto, por encima de la derecha, la generadora del progreso.

Es el espíritu de la contradicción. Sencillamente no. No sé lo que usted me pregunta pero me opongo. Y de ahí no le sacan. Salvo su cohorte, los paniaguados, vomitan fuego por la boca, en el partido lo detestan. Ha llevado al PSOE a la bancarrota y lo que te rondaré, morena. Su gran servicio a España -ya que es un hombre Estado, ¿de sitio?, ¿de dar sombra al botijo...?- ha consistido en bloquear la situación del país con los graves quebrantos que se derivan. El culpable es Rajoy. Y nadie más que tú. Piel canela, que me llegas a desesperar.

Amén de su odio enfermizo, este empleado de El Corte Inglés en sus horas libres, no se da cuenta de que además de hacer el ridículo es un perfecto faltón. Porque se puede ser adversario o mamón, también vale, pero no es incompatible con guardar las formas. Para mí que en su lactancia se oponía a la teta, y más a la de la derecha, qué cruz. Está batiendo todos los récords, dígase marcas, como alumno aplicado de ZP, sobresaliente cum laude como le vengo definiendo desde que fue elegido para los designios del puño y la rosa. En su mala educación -al igual que toda esta casposa izquierda que nos oprime-, la cosa es meterse en casa ajena, pase sin llamar, pero no le toquen la suya, que es decente, jamás demostrable, cien años de honradez, pero ni un minuto más. Setecientos millones de euros en Andalucía, detraídos del erario público, es el mayor pufo cometido en la democracia.

Fui testigo como cronista de TVE de los debates constituyentes que cristalizarían en la Carta Magna de 1978. Las negociaciones -entre UCD y PSOE- se prolongaban hasta altas horas de la madrugada. Eran pesos pesados. Pero jamás se perdieron los modos. Lo más grueso se lo escuché, en petit comité, a Alfonso Guerra: "Estos tíos (por las huestes de Suárez) son unos golfos". Me siento orgulloso de haber contribuido a la divulgación de la Ley de Leyes y recibir -no se si justa o injustamente- el I Premio de Periodismo de la Constitución Española por unanimidad de los grupos parlamentarios.

Actitudes como la de Sánchez y demás antisistemas me producen bochorno cuanto menos.



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