Opinión
Víctor Entrialgo de Castro, abogado y escritor. PD

Las primarias de la derecha francesa han elegido a François Fignon, ex primer ministro frente al eterno candidato Alain Juppé, como rival que se enfrentará probablemente a Marine Le Pen en la segunda vuelta de las elecciones franceses.

Los dos proponían la reducción de la Administración pública, de los 5 millones y pico de funcionarios, la hiperrepesentatividad de los sindicatos, de la excesiva estatalización de la vida francesa, pero François Fignon, en mayor proporción, afirma que si no se aborda la reestructuración de la Administración, aparte de la vuelta a las 39 horas laborales el pais irá a la ruina.

En España, nadie pone en cuestión la labor de cientos de miles de extraordinarios funcionarios públicos, colaboradores imprescindibles en el proceso que ha traido a la modernidad a este país, y sin los cuales éste país no marcharía. Pero la cuestión, ya se ve, es otra. La gran cuestión que ningún político quiere abordar aquí es sencilla: ¿Se puede sostener la función pública allí donde no hay función pública?

Es bonito y reconfortante colocar por parte del poder politico entrante en la Administración a mucha gente, preferiblemente acólitos. Los españoles somos así, cainitas y viscerales, pero a la vez amables, serviciales y solidarios. Si algo le gusta y en buena parte honra al español, es que nada le gustaría más aún más que obtener provecho propio, poder atender o favorecer a un amigo. Pero con independencia de las ideas recibidas y de nuestro credo ideológico, ¿Se sostiene la función pública si no hay actividad económica suficiente y por tanto, no hay quehacer?

Y la pregunta que sigue ineludible a la anterior ¿cabe considerar el funcionariado como forma de luchar frente al desempleo, evitando que crezca así el número de desempleados y de familias sin ingresos y el consiguiente problema social?

Si a las dos respondes que si, los que simplifican todo te dirán de izquierdas. Si respondes que no, de derechas.

Parece que como tantas veces, Francia y en esta ocasión François Fignon va por delante. La clave de que nuestra Administración cumpla con los principios de eficacia y coordinación, que garantiza el articulo 103 de nuestra Constitución, es el valor de hombres y mujeres de estado que, obviando las consecuencias para su carrera política, tenga los arrestos de idear alguna fórmula política que permita sostener los salarios del proceso durante los años en los que se reordene la Administración y se recoloque en la economia real una parte del funcionariado hoy menos funcional, la que sufre junto a la dificil situación de de no tener tiempo para nada, la no menos dif'icil de no tener nada para el tiempo.

España esta privándose de recursos humanos enormes que redirigidos a actividades harían del nuestro un pais más eficaz, más moderno y mejor. No digo que sea fácil. Requerirá si alguna vez se consigue esta demanda de los tiempos acuerdos entre verdaderos hombres de estado. Pero al dia de hoy en que la rigidez de nuestra Admnistración, como en Francia, no se sostiene, aunque sea dificil de creer, todavía siguen entrando en ella, miles de puestos de libre designación.