Opinión
Rafael Reina. PD

Las primeras declaraciones oficiales del gobierno de Israel, sobre los cambios legales de Judea y Samaria, para retirar las leyes militares y ponerlos bajo leyes civiles las ha realizado en una rueda de prensa, por el ministro de educación Israelí Naftali Bennett.

Es un cambio muy esperado por casi ¾ de millón de Israelíes viviendo bajo un estado militarizado, con libertades restringidas y ordenamientos que limitan mucho las libertades de todo tipo, pero es también un enorme paso hacia la unificación de todo el país bajo el control del gobierno Israelí. Algo que es de esperar la comunidad Internacional no vera con buenos ojos.

El primer paso oficial se podrá efectuar a partir del mes de Junio de este año, cuando expire la moratoria aplicada hace 5 años, para el cambio de las embajada de los países extranjeros, pasándolas de Tel Aviv a Jerusalén, (predeciblemente la primera será la de Estados Unidos). Muchos países se opondrán al cambio para evitar reconocer implícitamente a Jerusalén como capital de Israel, algo que los pueblos Árabes ya consideran una declaración de Guerra, al menos, eso dicen en Mezquitas, reuniones oficiales.

Aunque parezca mentira, pero la gota que ha colmado el vaso de la paciencia del Gobierno Israelí, ha sido precisamente la votación del mes pasado en las Naciones Unidas, sobre la ilegalidad de los asentamientos en el este de Jerusalén y la votación de la UNESCO en Octubre, que ignora la conexión de pueblo de Israel con el Monte del Templo.

Es difícil de creer que precisamente la UNESCO, ignore el apabullante número de pruebas históricas, arqueológicas, religiosas incluso biológicas que une la historia de Israel con el Monte y sus edificaciones, solo una incultura y una obsesión insana, puede explicar semejante desatino.

Cualquiera que este acostumbrado a la lectura de textos antiguos, sabe que la historia, no solo Israel, pero de mucho otros pueblos, entre el año 1500 A C y el año 1600 D C, se ha desenvuelto en buena parte, en derredor de Jerusalén y que las leyes que hoy rigen nuestras sociedades occidentales, están basada de las emanadas de Israel y que esos textos que han sido la fuente de esta cultura, unen inequívocamente al pueblo Judío y el Monte del Templo.

Pero la obcecación de los países por hundir y eliminar de la faz de la tierra a ese minúsculo pueblo, también está ampliamente recogido en esos textos con una claridad que es casi una crónica y que siempre evoca la pregunta de; ¿Por qué?
No habido en la historia de un pueblo, ninguno que haya sido hostigado tanto tiempo sin haber sido exterminado, no habido una cultura más perseguida en la historia que haya logrado subsistir tanto tiempo y con tanto vigor, siempre reducido en nuero de individuos, siempre bajando la cabeza ante los poderosos pero siempre recurrido por los poderosos, tanto España como Francia o Inglaterra, o Italia incluso Estados Unidos recurrió a un préstamo de 5 millones de aquellos dólares que se recolectaron entre todos los Judíos posibles y gracia a los cuales, el ejército pudo resistir la dureza de aquel invierno y haber hecho posible el fin de la esclavitud.

Por eso es tan doloroso para el pueblo Judío, que se le haya negado el derecho a sus tierras, precisamente por quien debería ser el primer agradecido a la bondad de ese pueblo, por haber hecho posible la libertad de sus propios congéneres y haber podido llegar a ser el primer Presidente negro del país.

Dicen que la ingratitud es el único pecado que no puede ser perdonado pero que su castigo se lleva a flor de piel... como dije antes, algunos textos parecen más una crónica que una historia.