Opinión
Mariano Rajoy y Cristina Cifuentes (PP). EP
Las dos fórmulas se encierran en una: elegirás a Rajoy sobre todas las cosas, resumen de un estado de opinión en el que nadie cuestiona el liderazgo de su presidente

La democracia interna en el PP se debate entre la fórmula Cifuentes, primarias puras, para que los militantes decidan quién es el presidente por el sistema de «un hombre, un voto», y la fórmula Génova, un sistema de doble vuelta en el que en la primera votan los afiliados, y en la segunda los compromisarios eligen entre los que han pasado la anterior criba.

A día de hoy, estas dos fórmulas se encierran en una: elegirás a Rajoy sobre todas las cosas, resumen de un estado de opinión en el que nadie cuestiona el liderazgo de su presidente, aunque entre una y otra hay diferencias de calado que -en clave de futuro- anticipan el debate sobre la sucesión del hoy incuestionado líder.

Esto de las primarias puras hay que tomárselo con cierto escepticismo, no porque el enunciado no resulte impecable, sino porque la fórmula no está libre de efectos secundarios, hasta el punto de que algunos partidos precursores de tan hermosa medida sufren hoy en sus carnes las consecuencias de pretender convertir a la militancia en el vellocino de oro de la democracia interna.

La fórmula de «un hombre, un voto» es de apariencia más «cuqui», pero vistos los resultados podría resultar recomendable establecer algún tipo de filtro que, sin menoscabar el protagonismo de las bases, no descargue sobre sus hombros la entera responsabilidad de decidir a quién se le entregan las riendas de un partido, entre otras cosas porque es discutible que la designación del líder de una formación política se resuelva emulando las votaciones de «La Voz».

Luego pasa lo que pasa: que algunos dan el cante.

En cualquier caso, y dado que las divergencias entre la fórmula Cifuentes y la fórmula Génova no van a alterar el resultado final -porque todos los procedimientos de elección empiezan y terminan en Mariano Rajoy-, habría que situarlas no en el actual contexto, sino más adelante, cuando el hoy presidente decida ceder el testigo.

Es ahí donde Cifuentes marca territorio, enseña sus cartas y se distancia de la posición oficialista. Plenamente consciente de que se iba a quedar sola, ha decidido desmarcarse y erigirse en verso suelto en vísperas del Congreso del PP. Alguien le habrá dicho que su futuro empieza ahora y ha decidido aplicarse el consejo. Tempus fugit.