Opinión
Esther Esteban. PD

Cuando escribo estas líneas aún no se ha producido la noticia pero todos los periódicos digitales dan por hecho que "intermediarios civiles notificarán a la justicia francesa, en nombre de ETA, la localización de los zulos de la banda terrorista para que proceda a su desarme con la supervisión del Comité Internacional de Verificación, coordinado por Ram Manikanningam y constituido a finales de 2011, tras el cese definitivo de la violencia, así como por el Gobierno vasco".

El desarme de ETA será unilateral e incondicional y se consumará el próximo 8 de abril. "ETA nos ha dado la responsabilidad del desarme de su arsenal y, en la tarde del 8 de abril, ETA estará totalmente desarmada", ha dicho a Le Monde Jean Noël Etcheverry Txetx, activista de Bizi, asociación ecologista abertzale.

Desde hace tiempo viene rumoreando que estámos en el principio del fin definitivo, que se habían intensificado las gestiones al máximo nivel y con gran discreción para cuando llegara la hora.

De hecho a finales del año pasado, durante una entrevista que le hice a Iñigo Urkullu le pregunté específicamente por este asunto y su respuesta fue exactamente esta:

  • P.- Lehendakari, ¿ésta debe ser la legislatura de la desaparición definitiva de ETA, la entrega de las armas y la petición de perdón?
  • R.- Sí. Hay que dar carpetazo definitivamente a la agenda de ETA y culminar el desarme esta legislatura . Tiene que haber un reconocimiento del daño injusto causado, desde una lectura crítica del pasado y está clarísimo que no se puede volver a repetir ese pasado. Yo estoy convencido de que el final de ETA es irreversible.
  • P.- Y el tema de los presos de ETA y la política penitenciaria sería un escollo, una línea roja en la hipótesis del final
  • R.-Nosotros seguimos reivindicando el desarme definitivo, la desaparición de ETA, el reconocimiento crítico del pasado, la atención a las víctimas y una política penitenciaria dentro de la legalidad. Esa es nuestra hoja de ruta para conseguir la paz de manera definitiva y el final ordenado de la violencia. Pero ni es una línea roja ni es una condición sine qua non de nada.

Es verdad que en Euskadi se ha vivido demasiado tiempo con mucho, mucho miedo pero hace ya seis años que se respirar un ambiente de libertad, al que nadie salvo un ínfimo reducto de fanáticos quiere renunciar.

Por eso para poder pasar la página de tantos años oscuros y terribles ETA debía entregarlas armas y pedir perdón por todo el sufrimiento causado, porque mientras eso no ocurra lo que llaman algunos "la normalización plena" no será posible.

He oído muchas veces decir al Lehendakari que la pelota está en el tejado de ese mundo, que son ellos "los que deben dar el paso definitivo de manera unilateral porque la sociedad no le debe nada a ETA". Y es es verdad.

Esas son palabras cargadas de sentido común y de hecho el Lehendakari es un hombre que lo tiene y por supuesto que a ETA no le debemos nada en absoluto, más bien al contrario, pero ahora empieza un nuevo camino y es fundamental que el relato que se haga de lo ocurrido sobre estos años terribles de asesinatos despiadados que han dejado tanto sufrimiento sea certero.

Es fundamental que ese relato no deje ningún resquicio para que algunos tengan la tentación de situar a los verdugos y las víctimas en el mismo lugar, al mismo nivel, porque eso sería una ignominia. Aquí aunque algunos no quieren ni oír hablar de vencedores y vencidos alguien ha vencido claramente: la democracia , que ha sabido triunfar y derrotar a quienes sembraron España de sangre inocente con la excusa de defender una ensoñación imposible.

Las víctimas no deberían y ahora menos que nunca sentirse humilladas y abandonadas a su suerte y los demócratas no debemos consentir un epílogo con sombras de indignidad.

El portavoz del Gobierno, Iñigo Méndez de Vigo, ha dicho que la posición del ejecutivo es "muy clara y muy nítida: ETA tiene que hacer dos cosas, desarmarse y disolverse", pero además los asesinos deben cumplir sus condenas y cualquier cosa que se haga en relación a los presos debe hacerse con total trasparencia.

Este fin de semana es un momento estupendo para leer Patria la novela de Fernando Aramburu. Yo hago mía la crítica que se hizo sobre el libro en el diario el País. "Patria es, sobre todo, una gran y meditada novela.

Pero la tradición del género lleva incluida la virtud de explicar a sus contemporáneos algo del mundo que les ha tocado vivir, o que forma parte de su herencia: amalgamar evocación y análisis.

Lo hicieron los Episodios nacionales, de Galdós, justo cuando hacía falta recordar y suturar discordias civiles, y lo hizo Guerra y paz, de Tolstói, cuando corría riesgo de olvido el origen de la Rusia moderna. Lo mismo están logrando ahora las novelas de Fernando Aramburu." Pues eso...