Opinión
Carlos Rubio Romo

Según el último barómetro del CIS, las preocupaciones principales de los españoles son el paro, la corrupción y las cuestiones de índole económica.

Esta clasificación no tiene nada de sorprendente a la vista de las vergonzosas tasas de paro, de la podredumbre del Sistema que beneficia sólo a una casta ladrona frente a un pueblo que sufre y de la falta de perspectivas ilusionantes.

Que la calidad de nuestra (presunta) democracia es equivalente a la fiabilidad de una escopeta de feria es indudable. Que la objetividad e imparcialidad de la inmensa mayoría de los medios de comunicación nacionales es tan inexistente como las iglesias en Arabia Saudí, también. Pero que la búsqueda de la verdad, del contraste de informaciones y de la formación de un criterio basado en hechos objetivos es tan extraño para la mayoría de los españoles como el jabón y el champú en la casa de cualquier perroflauta de PoTemos, también.

Con esos ingredientes, no es por tanto de extrañar que los españoles seamos tan fácilmente maleables. Tan fácilmente manipulables. Y que las encuestas del CIS o de cualquier otro instituto de opinión pongan eso en evidencia.

Cuando uno de cada cuatro españoles está en paro es imposible esconder eso puesto que todas las familias tienen algún miembro en esa situación. O que la corrupción nos preocupe es lógico cuando hasta la familia Borbón está empantanada hasta las cejas.

Pero nos quedamos ahí. En la superficie. No vamos más lejos. Los medios nos pastorean y a nosotros nos da pereza rascar, buscar las causas de esas preocupaciones, arrancarlas de raíz.

Por eso me he quedado gratamente sorprendido, ¡qué digo!, sorprendidísimo, cuando he visto las manifestaciones que han tenido lugar en Andalucía y en Asturias contra el Impuesto de Sucesiones. Se están creando plataformas ciudadanas para luchar contra ese robo manifiesto y peticiones exigiendo la supresión de ese hurto legal circulan por nuestra patria.

Espero que, ¡por fin!, despertemos, nos sacudamos la modorra impuesta por el Sistema y empecemos a luchar por causas que lo merecen.

Y ésta, la supresión del Impuesto de Sucesiones y Donaciones, es una de ellos.

La gente se rebela porque el Estado (ladrón por naturaleza) roba cuando un patrimonio se crea (a través del IRPF o del IVA o del impuesto AJD o...) y vuelve a robar cuando ese patrimonio se transmite a los herederos (impuesto de sucesiones y de plusvalías). Es la doble pena.

Pero esa rebelión no debe ser más que el principio. Sí, el principio, porque no debemos olvidar que trabajamos la mitad del año para sostener un monstruo insaciable que se llama Sector Público. Sí, ¡la mitad del año!, puesto que la mitad de nuestros ingresos anuales nos es robado de una u otra manera por el Estado, el ayuntamiento o la Taifa autonómica de turno: IRPF, IVA, Cotizaciones sociales, Sucesiones, Sociedades, IBI,...una lista interminable y que no para de crecer puesto que el monstruo público sufre de una bulimia irrefrenable. ¡¡¡Sólo la suma de tributos de las taifas autonómicas es de 79!!!

Debemos tener presente que no por casualidad, el término "impuesto" no es más que el participio del verbo "imponer" que proviene del latín "imponĕre". Es una coacción perpetrada por un ente omnipotente y frente al cual estamos indefensos.

¿Con qué autoridad el Estado (repito, entendiendo como tal el conjunto del Sector Público) se adueña de nuestros bienes? ¿Acaso hemos firmado un contrato como lo hacemos al solicitar un crédito al Banco, compramos un coche o alquilamos un piso? De ninguna manera.

¿Con qué autoridad el Estado nos impone los servicios sanitarios, educativos o de jubilación? ¿Por qué no nos deja elegir en paz la educación y el colegio que queremos para nuestros hijos o el seguro médico para nuestra familia o el tipo de jubilación para el final de nuestras vidas?

¿Con qué criterios el Estado redistribuye lo que nos roba, que es la mitad de lo que ganamos en nuestras vidas?

Los intereses creados son colosales: por una parte, millones de personas viven de un sueldo público y por otra controlando nuestras vidas, infantilizándonos, decidiendo en nuestro lugar a lo largo de todas nuestras vidas, los ciudadanos no somos más que borregos que marchan detrás del pastor-Estado. Y, ojo, que yo no estoy criticando a los funcionarios que con mucho esfuerzo se ganaron su puesto aprobando una oposición libre. Esos son excelentes profesionales pero en la mayoría de los casos mal aprovechados y mal pagados. Mi crítica va dirigida a los cientos de miles de enchufados que están llevándose un sueldo todos los meses por el simple hecho de tener entre los dientes el carnet de afiliado al partido en el poder

Esa maquinaria infernal nos manipula haciéndonos creer que los impuestos son algo bueno. Que la riqueza es siempre sospechosa y que por tanto hay que perseguirla y machacarla con una buena carga de impuestos. Que las desigualdades son malas. En suma: que hay que luchar por lo que ellos llaman la Justicia Social.

Y hablando de desigualdades:

  • ¿Por qué se consiente que unos alumnos tengan matrícula de honor y otros suspendan? ¿Por qué no darles a todos la máxima distinción o suspenderlos a todos? ¿No sería luchar por la igualdad eso también?
  • ¿Por qué se acepta que una señora sea catedrática de biología y un señor sea pescador? ¿Por qué no ser todos catedráticos o todos pescadores? ¿No sería luchar por la igualdad eso también?
  • ¿Por qué dejamos que el Madrid o el Barcelona ganen siempre la liga y no se la regalamos a la Cultural y Deportiva Leonesa, uno de los dos equipos que llevo en mi corazón? ¿No sería luchar por la igualdad eso también?
  • ¿Por qué Michelín se harta a vender ruedas en España y Qingdao no se come un colín? ¿Por qué no obligar a los consumidores a comprar Qingdao y de paso a jugarse la vida en cada curva o en cada frenazo? ¿No sería luchar por la igualdad eso también?

Podríamos seguir hasta el infinito dando ejemplos de hasta dónde la estulticia humana podría llegar. Pero no, no sea que algún chupóptero nos lea y se le ocurra ponerlas en práctica.

Lo que hay que explicar a los socialistas de izquierdas y de derechas es que las desigualdades no son malas. Lo que es mala es la pobreza o la corrupción o el fraude. Gracias a Dios, cada persona es única e irrepetible. Cada una llena de talentos. Con sus virtudes y sus defectos. Pero cada una distinta. Ni mejor ni peor. Distinta. Y que la obligación del Estado no es uniformizarnos a todos como en Corea del Norte sino asegurarse de que nada ni nadie va a impedir o dificultar que cada persona pueda dar lo mejor de sí misma y, por supuesto, que ninguna se quede en la cuneta.

¡Qué hábiles son los defensores del socialismo, tanto los de izquierdas como los de derechas! Se han apropiado de conceptos nobilísimos para cometer los peores desmanes. Igualdad, Justicia, Reparto...siento el espíritu elevarse cual globo huido de las manos de un niño únicamente al escuchar esa hermosa letanía de bellísimos propósitos...

Pero yo les pregunto a todos esos socialistas de izquierdas y de derechas:

  • ¿Es Justicia Social robar la mitad de lo que ganamos en nuestras vidas para pagar 2.000 millones de euros al año a los liberados sindicales en España por no hacer nada?
    ¿Es Justicia Social robar la mitad de lo que ganamos en nuestras vidas para pagar más de 100 millones de euros al año a los partidos políticos?
  • ¿Es Justicia Social robar la mitad de lo que ganamos en nuestras vidas para pagar 15.000 millones de euros de todos los casos de corrupción y fraude que hemos tenido en nuestra patria desde que "gozamos" de este sistema (presuntamente) democrático?
  • ¿Es Justicia Social robar la mitad de lo que ganamos en nuestras vidas para pagar los privilegios fiscales de varios miles de millones de euros cada año de vascos y navarros?
  • ¿Es Justicia Social robar la mitad de lo que ganamos en nuestras vidas para pagar más de 45.000 millones de euros en rescatar las cajas de ahorro convertidas durante años en el juguete de la castuza política para derrochar a manos llenas, enchufar inútiles y robar sin freno?
  • ¿Es Justicia Social robar la mitad de lo que ganamos en nuestras vidas para pagar más de 30.000 millones de euros en duplicidades autonómicas?: ¿150 millones de euros en "embajaditas" catalanas, vascas, gallegas..., 1500 millones de euros en televisiones autonómicas, 400 millones de euros para diputados autonómicos, etc., etc., etc.?
  • ¿Es Justicia Social robar la mitad de lo que ganamos en nuestras vidas para pagar los más de 30.000 coches oficiales de las distintas administraciones (estatal, regional y local) o los más de 300.000 teléfonos móviles de esas mismas administraciones?

Justicia social no es que el Estado tenga un papel preponderante, asfixiante y en muchas ocasiones monopolístico. Justicia social es una Sociedad libre que se organiza como mejor lo considere en el respeto a las leyes y en donde el Estado no tendrá más que un papel subsidiario respecto a la Sociedad: es ni más ni menos el principio de Subsidiariedad frente a la tiranía estatal.

Justicia social no es arrancarse las vestiduras cuando se echa a un grupo de porreros perroflautas de un local o a un jeta que no paga el alquiler que debe de un piso. Justicia social es que el Estado proporcione seguridad jurídica al señor que se ha pasado la vida poniendo ladrillos o conduciendo un camión o dando clases y que con el fruto de su esfuerzo ha comprado un pisillo para alquilar y el caradura que vive en él no le paga.

Justicia social no es arrear un sablazo al señor que cobra unas perrillas, perdón, eurillos, en forma de dividendos. Justicia social es favorecer que el pequeño ahorrador y el grande, ¡qué coño!, puedan ayudar al desarrollo de las empresas arriesgando su capital y que, en justa correspondencia a esa toma de riesgo, cobren un dinero.

Justicia social no es tener y mantener más de ¡¡¡cincuenta!!! universidades públicas en España. Justicia social es cerrar la mayoría y dedicar una parte del dinero a becas de verdad para los que se lo merecen.

Justicia social no es ayudar, subvencionar y engordar al lobby degenerado LGTB. Justicia social es ayudar a las familias de verdad y sobre todo a las familias numerosas a salir adelante. Sin niños no hay futuro. ¡España se muere!
Justicia social no es subvencionar el asesinato de niños en el vientre de sus madres. Justicia social es ayudar a las madres y las familias en verdadera dificultad para que los niños puedan nacer.

Contrariamente a lo que los socialistas de izquierdas y derechas nos quieren hacer creer, robar a unos para dar a otros no es beneficioso para nadie.

En primer lugar porque el robo, sea legal como los impuestos, o ilegal, es intrínsecamente malo. Moralmente perverso. Y los impuestos son un robo.

En segundo lugar porque con el sistema de impuestos confiscatorios existente en España, se favorece el fraude y la evasión y al final los únicos que pagan son las clases media y porque no les queda más remedio, que si no...

En tercero porque los mensajes que desde el Estado se envían son perversos: el latrocinio de los impuestos desanima el esfuerzo, el mérito, el ahorro, la responsabilidad: ¿para qué matarse a trabajar, a progresar, a ahorrar, si el Estado te robará hasta la camisa? ¿Para qué sacrificarte renunciando a vacaciones, dejando de fumar o no saliendo de cañas para poder así dejar una pequeña herencia a los hijos si de todas formas el Estado ladrón les va a robar una buena parte de lo que con esfuerzo los padres les han dejado?

En cuarto lugar porque nos convierte a los ciudadanos en niños de por vida, en asistidos, en irresponsables, puesto que el papá-Estado va a guiar nuestras vidas y nuestras decisiones más importantes. Nos convierte en pasta maleable por la castuza para hacer de nosotros muñecos de guiñol que se mueven al son que marca un Sistema podrido.

En quinto lugar porque crea un conflicto entre los que son saqueados y los que se benefician de ese saqueo. Una nación debe ser una gigantesca familia, una comunidad bien avenida donde se ayude únicamente a los que verdaderamente lo necesitan (enfermos, deficientes, ancianos en dificultad...) y no a los parásitos.

Y sexto, a la vista de los ejemplos anteriores creo que es meridianamente claro que el dinero rapiñado no va, como los socialistas de izquierdas y de derechas repiten machaconamente, a los más necesitados, sino que se derrocha de forma absolutamente obscena.

Las administraciones públicas, deben ser lo más pequeñas posible y sometidas a un control permanente para evitar la bulimia recaudadora. Sus funciones deben ser, en consecuencia, lo más reducidas posible pero de gran calidad (Justicia, Ejército, Policía, Hacienda y sólo subsidiariamente otras funciones que la Sociedad libremente no pueda organizar). Funcionarios pocos pero bien pagados y por supuesto rigurosamente seleccionados.

Que dejen de aburrirnos con sus mantras "hare-krishnacos": "solidaridad", "igualdad", "reparto" y demás fórmulas oxidadas. En una Sociedad libre, inspirada y anclada en los principios cristianos, la ayuda al hermano necesitado es una obligación. No hace falta que ningún ente coactivo venga a decirnos cómo ayudar a los demás. La caridad es un deber cristiano y si el maldito Estado nos dejara un poco de dinero en el bolsillo, estaría perfectamente organizada y capaz de ayudar a los que de verdad lo necesitan.

Pero además, sin la coacción del Estado, la Sociedad se organizaría de forma mucho más eficaz. Como así se demuestra cada vez que un leve resquicio deja actuar a la inteligencia, al esfuerzo y a la cooperación vo-lun-ta-ria. ¿O acaso no se dan de codazos los padres para llevar a sus hijos a colegios de educación concertada, o los que pueden se van a operar a hospitales privados, o acaso las órdenes religiosas no llevan a cabo las más bonitas obras de caridad con los que de verdad lo necesitan?

No sé si a Ud., amable lector, le pasará igual pero yo, que cada vez que oigo hablar de "Justicia Social" me pongo a temblar y echo mano a la cartera antes de que me la vacíen.

Instintivamente ya, cada vez que hablan de Justicia Social, no puedo evitar añadir rápidamente un gigantesco "IN" delante de "Justicia".