Opinión
Laureano Benítez Grande-Caballero. PD

Aquí vienen ya, calle arriba, calle abajo, okupando las plazas, invadiendo rotondas, rodando una vez más escenas de su particular película «Novecento».

Vienen con su Hamelin al frente, voceando estridente y perrofláutikamente para arengar y lobotomizar a sus rebaños de zombies, a los que previamente han repartido chupetes y consignas masticables sobre tramas y siniestras logias que conspiran para destruir la democracia en España y arrebatar los derechos a la «gente».

Marchan por las avenidas disparando sus estúpidos, falsos y demagógicos eslóganes «urbi et orbe», ante un revuelo de cámaras de sus lacayunas televisiones, ante las cuales montarán otra de sus «performances» «revolucionarias». Descamisados, juegan a montar otro numerito «cheguevariano» por las calles de España, que quieren convertir en senderos de Sierra Maestra -por cierto, ¿sabían que el recientemente difunto megaconspirador centenario David Rockefeller era admirador y mecenas del barbudo cubano?-, marchando -prietas las filas, firme el ademán- hacia sus imaginarios palacios de invierno, hacia bulevares caribeños apestados de habanos, hacia puertos imposibles donde fondean potemkines oxidados entre los sargazos de la historia y el fracaso.

Desfilan con sus banderas victoriosas, tricolores, arcoirisadas, autóctonas de lejanos altiplanos, multikulturales... fiesta de banderitas donde la enseña patria es rotundamente postergada por facha, por ser el emblema de la «trama corrupta» que quieren denunciar a voz en grito.

Cruzan con su orgía de pancartas, donde piden libertad para sus matones, sus Bódalos y Alfonsos; donde protestan porque la justicia caiga sobre raperos filoterroristas disfrazados de fresitas «Strawberrys» forofos de roscones-bomba, sabiendo como todos sabemos que jamás acabarán en el trullo, sino todo lo más recibiendo el homenaje de los podemitas de postín, que les darán palmaditas en la espalda, botafumeiro va, botafumeiro viene, y con el puño bien en alto.

Multitudes de niñatos pijoprogres jugando a la guerra, sin caer en la cuenta de que quien dirige este cotarro golpista es un «Resident evil» fugado de un videojuego, un «Bonnie @Clyde» escapado de una película que yo vi en un cine de madera comiendo pipas hace la tira de tiempo. Son simples pececillos atrapados inmisericordemente en las redes depredadoras de medios de comunicación y redes sociales totalmente manipuladas y troleadas, donde se jalea babosamente cualquier consigna demagógica al uso, cualquier frasecilla espúrea con la que puedan «colocar» a sus mesnadas para después lanzarlas a sus eskraches y sus manis.

Pasan mirando fijamente a las cámaras por las que y para las que viven, sobreactuando ridículamente, gesticulando con sus miradas cejijuntas, la boca espumante, rictus avinagrados, y amenazantes puños. Quieren resucitar la algarada del 15M, su espíritu okupa, y ahí van, representando nuevamente la karga de los mamelukos, recordando Paracuellos ya imposibles, el acre olor del humo de las «cremás» de iglesias y conventos, el disfrute de unos buenos «jalouines» a costa de las momias religiosas irredentas a las que pedir un baile.

Antes hablaban de «casta», pero, al haberse hecho «castizos» ellos también, han descubierto otra palabrita que lanzar contra el sistema como quien lanza una palabra «molotov»: la «trama». Dicen que España está gobernada desde la Transición por un contubernio fachacatólico y plutonacional, donde coyundan empresarios, banqueros, obispos, editores, jueces... en fin, eso que siempre se ha llamado «poderes fácticos», aunque en la relación parece que no incluyen a los militares.

El truco del almendruco de los populismos, una de cuyas estrategias más chipén es la de crear enemigos a los cuales «la gente» pueda echar las culpas de sus problemas y sus fracasos, para convertirlos en dianas de su agresividad, en cabezas de turco, en chivos expiatorios de la violencia que anida siempre en los antisistema.

Y resulta curioso comprobar que los trameros de la ultraizquierda antisistema tengan la enorme desfachatez y desvergüenza de hablar de tramas contra el sistema, un sistema al que precisamente los podemitas quieren destruir con una trama luciferina que les ha sido diseñada desde los conventículos del NOM, su amo y señor, del cual son sumisos vasallos y esclavos.

En el año y medio que llevo escribiendo artículos no he hecho otra cosa sino destapar esta oscura trama, esta maligna conspiración urdida en los inframundo del globalismo cuyo objetivo es destruir nuestro país, como sociedad, y como personas. Y así tuvimos un 15M financiado por George Soros; a una pléyade de peces gordos del NOM - Federico mayor Zaragoza, Vicenc Navarro, Garrigues Walker, Eduard Punset, etc.- apoyando a los quincemayeros; a unos medios de comunicación -en manos de la luciferina trama mundialista- dándoles bombo y platillo, publicitándolos escandalosamente para que asaltaran el cielo del poder; a unos jueces que sobreseen y archivan todas las causas que quijotescamente se presentan contra ellos, sean blasfemias, tuiterío freddymercuriano, silbatinas al himno, golpizas a «derechones», amenazas a periodistas, alabanzas filoetarras... Incluso le caen bien a la Botín, que ésta sí parece estar en alguna que otra trama, Bilderberg sin ir más lejos. Así que ahí los tenemos: banqueros, «jet de la crème», editores, empresarios, capitostes mediáticos, megaconspiradores... Aquí está la verdadera trama, que esta chusma quiere proyectar sobre el sistema con total desvergüenza.

Sí, hay una trama, una enorme conspiración en marcha que quiere acabar con la Constitución y enterrar la Transición, esa etapa de nuestra historia que nos dio los derechos que ahora esta chusma dice que no tenemos, esa democracia que ellos afirman que nos han secuestrado los tramosos «de arriba», esa democracia que ahora estos niñatos metidos a revolucionarios quieren dinamitar, pues uno de los objetivos del NOM es precisamente desprestigiar la democracia para colocar en el poder a sus tecnócratas y burócratas, a sus élites financieras para que despóticamente se adueñan de los recursos mundiales, de las mentes, las conciencias y las almas de sus rebaños.

Sí, hay una trama, y estos antisistema son sus tramoyistas, que preparan entre bambalinas el escenario a la jerarquía globalista para cuando su trompetería haga caer nuestras murallas, se despedacen nuestros territorios, y la piromanía desatada de estos incendiarios arrase con nuestros valores, nuestra historia y nuestras tradiciones.

Ahí está la trama luciferina -totalmente NOM-, hecha de multikulturalismo, ideología de género, antipatriotismo, anticatolicismo, abortomanía, desprecio a todo lo español, filoislamismo, inmigración sin límites y sin control, desprecio a las leyes, desprestigio de la democracia, imposición del pensamiento único y «correcto», agitaciones callejeras, amenazas a la libertad de prensa, control de los medios, depreciación de nuestros valores patrios... Ésta es la trama podemita, justo la ideología que conforma el pensamiento único, el «políticamente correcto» que el NOM ha tramado para instaurar su despótico gobierno mundial, al cual sirven sus lacayos antisistema.

Y, mientras estas hordas se manifiestan y toman las calles igual que han tomado las redes sociales y los medios de comunicación, el pueblo español sestea, terracea, televisea basura a espuertas, siendo indiferente a estas karnavaladas con las que las tribus radikales proclaman su «Día del Orgullo Radikal».

Aburridos de la rutinaria actividad parlamentaria, quien no les da titulares ni propaganda mediática; deprimidos en anodinas comisiones que pretenden ocuparse de los problemas reales de «la gente» -que les importan un pimiento-, estos niñatos inmaduros necesitan colocarse con la adrenalina de las barrikadas, volviendo a oler la sangre del 36, creándose un mundo paralelo donde España es un país de hambruna biafreña y despotismo bananero que ellos vienen a rescatar con su puño en alto.

Pero lo que desean realmente es agitar tramas, señalar enemigos inexistentes para que nuestro país no sepa que ellos son la trama, que ellos son nuestros enemigos: que su objetivo no es rescatar a nadie, sino asaltar las poltronas y los escaños, para embriagarse con sus prebendas, con sus viajes «business», sus jugosas dietas, sus cochazos oficiales y sus escoltas, sus cruasanes congresistas, sus oropeles mediátikos; alimentando con la droga del poder su megalomanía desatada, incensando con su pompa y sus imperiales protocolos su convicción de que solamente ellos son «los reyes de la casa», como les enseñaron desde la más tierna infancia, por lo cual son ellos quienes deben sentarse en los tronos del poder, donde además colocarán nepótikamente a sus vasallos más fieles.

Y su canción para sus manis anti-trama podría muy bien ser aquella que dice: «Trama que trama que trama,/ toma que toma que toma:/ que tengo un escaño que vale/ más que las fuentes de Roma».