Opinión
Ignacio Camacho. PD

TENDRÍA que producirse una explosión nuclear en el PP, que se llevase por delante a Rajoy y a toda su nomenclatura, para que Cristina Cifuentes pudiese contar con alguna posibilidad de acceder al liderazgo.

Antes están como poco el cauto Feijóo y las dos damas de hierro del Gabinete luchando en silencio por la eventual primogenitura del delfinato; incluso no sería descartable que, llegada la hipótesis del reventón, el partido acudiese a un salto generacional para reconstruir los daños.

Lo más verosímil, empero, es que el presidente se suceda a sí mismo y acabe aburriendo a todos los aspirantes por edad o por cansancio. Tantas veces lo han querido jubilar que resulta un pasatiempo estéril teorizar con el final del marianato.

Sin embargo Cifuentes señala hacia sus propias filas como origen de las espurias acusaciones que tratan de involucrarla en el lodazal del aguirrismo. Nunca se puede descartar una hipótesis de esta índole en una ciudad como Madrid, cuya principal industria es la manufactura de episodios conspirativos.

Cualquier político con ambiciones ha de cuidarse en primer lugar del llamado fuego amigo, el que procede de los compañeros de partido. Pero en esta ocasión la pistola humeante la tiene en la mano la Guardia Civil, cuya unidad anticorrupción, la UCO, se viene especializando en acompañar sus pesquisas con calificaciones penales que rebasan su ámbito profesional para adentrarse en el terreno especulativo.

Sólo a fiscales y magistrados corresponde, en un Estado de Derecho no policial, atribuir a cualquier conducta indicios de delito.

Sí es cierto que en la dirección del PP ha habido quien opina que la presidenta madrileña ha caído víctima de su propio rigor ético, del alto listón que fijó en su pacto con Ciudadanos.

Que es básicamente el mismo que suscribió Rajoy aunque éste parece poco dispuesto a darle cumplimiento práctico. También se ha producido un curioso efecto de rumor retroalimentado, esa clase de conjeturas de poco fundamento que adquieren credibilidad a medida que van divulgándose por el ambiente político y mediático.

Los bulos circulares crecen a base de autoprocurarse pábulo; no sería la primera vez que una hipótesis falsa o inventada sobre alguien se la acaba creyendo el propio interesado. Con este sistema se pueden eliminar incluso candidaturas que no contemplaba el presunto candidato.

El fuego amigo, como las meigas, haberlo haylo; otra cosa es que su víctima esté en condiciones de identificar los disparos. En la acera de enfrente, la del PSOE, el tiroteo interno ha sido tan flagrante que se ha convertido ya en espectáculo televisado; sus líderes hacen campaña de primarias con chaleco antibalas y casco.

En el marianismo los pulsos son más sutiles y además suceden a cencerros tapados porque todo el mundo sabe que el líder apunta con silenciador y mirando para otra parte a todo el que pretenda amortizarlo.