Opinión
Antonio Burgos. PD

AQUELLOS polvos del camino, camino de las Cigüeñas, de traducir «El Principito» de Saint Exupéry al presunto «andaluz» de un agropop lingüístico en plan Los Chanclas traen estos lodos.

Ahora el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) quiere que la Junta le dé un local por la cara y le pague los gastos y el mantenimiento de una pretendida Academia Andaluza de la Lengua.

De momento los dos que presentan la descabelladísima iniciativa, que desde el primer momento se la ha levantado el puntillero, ¡anda que van vestidos con frac académico, como si fueran de Buenas Letras o de Santa Isabel de Hungría! El uno, con la clásica camiseta negra modelo ERC o modelo Amador Mohedano, el hermano de Rocío Jurado; y la otra, con una camisa-batón, la mar de fresquita y cómoda, seguro que de los chinos.

¿Va a ser tal el uniforme en estrado de la intentada Academia Andaluza de la Lengua? Bien pensado, sería lo más lógico ante asunto tan absolutamente prescindible como errado.

¿Academia Andaluza de la Lengua o Academia de la Lengua Andaluza? Creo que más bien lo segundo es lo que pretenden que les pague la Junta, ya que quieren elevar a rango académico lo que dicen que vienen realizando: la defensa del «andaluz». O sea, para que ustedes se enteren bien, que estamos hechos todos unos ignorantes: ni Góngora, ni Bécquer, ni Juan Ramón Jiménez, ni Aleixandre (nuestros dos premios Nobel), ni Cernuda, ni García Lorca, ni ninguno de nuestros grandes autores escribieron en español.

Escribían en «andaluz». ¡Y nosotros sin enterarnos! Por eso viene muy bien esta Academia, para que nos enteremos de lo que vale un peine, que mis peines son de azúcar que paga la Junta; y quien con mis peines se peina, hasta los dedos se chupa, ¿será por chupar?

Así que eso: respaldo legal, una sede de gañote y que la Junta corra con todos los gastos, cuando hay Reales Academias más que centenarias que están boqueronas, que no tienen ni para pagar la luz, como puedan ser las tres centenarias de Sevilla: Buenas Letras, Medicina y Bellas Artes.

¡Claro, como ninguna de las tres se dedica a defender «el andalú»! Y como tampoco son academias nuevas de la Señorita Pepis creadas a la sombra del poder por paniaguados muy adictos al Régimen de la Junta, que a esas las ponen de subvenciones hasta la corcha...

Miren ustedes, señores de la pretendida Academia: como les decía el otro día, si quieren defender las hablas andaluzas, rescaten, valoren y reediten las obras olvidadas de los autores que la elevaron a la dignidad de escritura literaria. Citaba yo al sevillano Juan Antonio Cavestany y su «Parquue de María Luisa» y al poeta coriano Juan Rodríguez Mateo, me imagino que absolutamente desconocidos para estos señores que quieren que la Junta les ponga un chiringuito para vivir de nuestro ceceo, nuestro seseo y lo que contaba don Pedro Muñoz Seca de aquel maestro que les decía a sus alumnos:

-Niños, enterarse bien: sordao, esparda y mardita sea tu arma se escriben con ele.

A esos autores por rescatar y valorar añadiría ahora las novelas y obras teatrales del canónigo hinojero Juan Francisco Muñoz y Pabón, al que tanto deben El Rocío y la devoción a la Esperanza Macarena, y al que Carlos Ros acaba de dedicar una muy seria biografía que por cierto mañana firma en la caseta de Reguera en la Feria del Libro de Sevilla, de 13 a 14.

Eso es lo que hay que hacer si queremos defender el habla andaluza; reeditar a los autores que le dieron categoría literaria, y dejarnos de mangazos y de locuras.

Ahora, que si es por Academia, yo me pido por lo menos media docena de ellas, para que la Junta me busque sede gratis y corra con todos los gastos.

A saber: Academia Andaluza del Pescao Frito, Academia Andaluza de las Cofradías, Academia Andaluza de la Ensaladilla Rusa, Academia Andaluza de los Calentitos de Rueda, Academia Andaluza de los Calentitos de Papa, Academia Andaluza del Rocío, Academia Andaluza de la Cruzcampo Fresquita... ¿Será por academias y será por pegarle mangazos a la Junta?