Opinión
David Álvaro. PD

Hay algo que debemos reconocerle y agradecerle todos los ciudadanos al revival político de Pedro Sánchez. Y es que tras un ominoso primer mandato al frente de la Secretaria General del PSOE en el que nunca supimos con certeza si apostaba por un modelo de nación federal, autonómica, confederal o cantonal, su regreso nos ha traído una buena nueva.

La apuesta clara y decidida, tras la celebración del 39ª Congreso Federal del PSOE, por un modelo de Estado plurinacional.

No debería sorprendernos puesto que si hay algo en lo que parece que no hay duda respecto al panorama político patrio es que se encuentra en una situación un tanto convulsa y kafkiana.

Los roles han cambiado. Ahora son los neocomunistas los que apuestan, presuntamente, por parecerse a las democracias escandinavas mientras la socialdemocracia clásica se mira en el espejo de modelos de Estado como Bolivia.

Un giro en la estrategia política socialista que se sabe inaplicable y que no aguanta un análisis mínimamente detallado.

Bolivia cuenta con 36 naciones dentro de ese modelo de estado plurinacional de las cuales 14 tienen menos de 1.000 habitantes, 10 menos de 500 y 4 menos de 100, siendo la más pequeña la nación de Guarasug'we que cuenta con poco más de 30 habitantes.

Al margen de las cifras irrisorias con las que constituyen naciones en Bolivia, el nivel de autogobierno con el que cuentan los estados bolivianos es mucho menor que el que ostentan las Comunidades Autónomas españolas. Por lo tanto, cabe preguntarse ¿qué diferencia habría, más allá de la nomenclatura, entre un estado autonómico y uno plurinacional?

Todo esto dando por bueno que seríamos capaces de ponernos de acuerdo para modificar la Constitución Española, lo cual requiere una mayoría de tres quintos de cada una de las Cámaras, es decir 210 diputados y 159 senadores.

Algunos olvidan reiteradamente el artículo 2 que nos recuerda que "la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles" y el título VIII que desarrolla la organización territorial de España.

No solo la experiencia de Bolivia es poco halagüeña, España ya tuvo un pasado plurinacional durante la Primera República a finales del siglo XIX, cuando tuvimos 4 presidentes en 8 meses. Un fracaso estrepitoso de lo que podría volver a ser nuestra "Escopeta Plurinacional".

*Politólogo experto en Administración Pública