Opinión
David Gistau. AC

PSOE y Podemos se han constituido en facciones opuestas de un concurso por la ocupación de la Izquierda Fetén que, al igual que los zelotes de «La vida de Brian», sólo odian más a los romanos del PP.

Algún día, alcanzarán un pacto de poder inspirado en el que forzó Zapatero cuando fusionó socialismo y nacionalismo con una flexibilidad que distorsionó para siempre la doctrina del PSOE hacedor del 78: toda cohesión de distintos es posible si se hace contra la derecha mitológica y proclamando que aislarla o erradicarla es una emergencia nacional.

Así le sobren a la sociedad once millones de personas, culpables todas ellas de delitos dinásticos que ya ni siquiera se quedan en el asesinato de Lorca: Iglesias ha indagado en el XIX para abrumar a los desechables con un peso histórico aún mayor.

Aún quedan otros cuatro siglos de leyenda negra para seguir acumulando pruebas de cargo que por añadidura hagan aún más perentoria la refundación nacional que se arroga Podemos como si toda Transición hubiera sido un apaño de fogueo hasta que el destino pudiera encomendarles a ellos la única verdadera.

Pero PSOE y Podemos no están todavía en esa fase. Ahora deben disputarse un espacio político, que antaño fue el ecosistema de la socialdemocracia compasiva y narcisista pero que ahora se ha cargado de ideología dura y revolucionaria como las propias generaciones recién incorporadas a la izquierda, para decidir cuál de las dos formaciones ocupará una posición gregaria respecto de la otra el día que los escaños les alcancen para pactar un gobierno que por fin permita a Iglesias jugar a las distopías con el CNI.

Esta guerra sólo es posible porque el instinto aventurero de Sánchez lo impele a derramar meadas territoriales en lugares a los que el PSOE no llegó jamás y en los que puede llegar a convivir con las peores tribus residuales.

No hay un solo principio que limite a Sánchez y por eso tiene ahora a sus portavoces tratando de explicar en las tertulias qué es la plurinacionalidad como quien vende un crecepelo milagroso sin haber asistido al cursillo previo: no saben ni cómo se abre el tarro que venden.

Nos esperan momentos divertidos porque Podemos ha conseguido que Sánchez entre en una competición según la cual más te acreditas como izquierda cuanto más asco le tienes al PP, cuanto más lo odias, cuantas más mociones de censura higiénicas estás dispuesto a hacer, cuanto más confraternizas con las tribus de extramuros que traman la voladura del 78.

Y que para ello, por cierto, disponen de la complicidad inesperada de los reaccionarios de derechas que han vuelto a poner en circulación un nacionalismo castizo que suplantó el bigotillo trazado con lápiz por las mutaciones modernas de lo Alt.

Resulta increíble lo fácil que, entre todos, se lo van a poner para perpetuarse a un hombre como Rajoy que no tiene proyecto nacional más allá de la propagación del miedo y del férreo marcaje individual, a lo Gentile, de las opiniones discordantes con su mejor de los mundos posibles.