Opinión
Niño-Cataluña PD

No sé si los lectores tendrán la misma impresión, pero a mí se me antoja que este verano que estamos viviendo es algo así como una proyección meteorológico-política de la vieja cámara de los horrores con la que se nos atormentaba en nuestra infancia. De momento, las insufribles olas de calor, por no decir la ola permanente, no se parecen a nada del reciente pasado.

Por supuesto que el primer pensamiento se planta en la convicción de que las causas residen en el maldito cambio climático en el que no cree ese ser llamado Donald Trump o no creía ese otro llamado Aznar o incluso Rajoy porque se lo había contado su primo. Hombre, un poquito de memoria ya tenemos, qué le vamos a hacer.

Lo universal y ontológicamente increíble es que el conjunto de los Gobiernos y de las instituciones internacionales no se planteen de manera inmediata salir ya al paso de forma contundente y firme de ese sideral asesinato del planeta que se viene perpetrando desde hace muchos años.

Los Gobiernos se apresuran a aplicar en otros ámbitos sus extraños Códigos penales sin poner en funcionamiento el Código que más falta nos hace. Pero lo increible es también que tantos millones de ciudadanos tampoco parecen ser conscientes de la bíblica catástrofe que se aproxima y que al menos no piensen en sus hijos y en sus nietos.

Le doy muchas vueltas a esa inconsciencia pero tengo que confesarles que no soy capaz de penetrar en el misterio.

La crueldad de este veranito se complementa con la abrumadora presión sobre todo del 1 de Octubre sobre nuestras pobres cabezas sin que se encuentre la forma de salir del infernal laberinto creado por la parte independentista como respuesta a la presión horrible de los cinco o seis años anteriores desde el Gobierno y el Partido Popular.

Antes el separatismo era cosa de muy pocos y tuvo que actuar la intolerancia del centralismo para liar las cosas y colocarnos en la presente situación en la que un a salida digna y sensata cada vez se borra más en el horizonte. Este país tiene muchos problemas, pero ninguno puede compararse con este.

Yo me hago cruces ante la imagen horrenda de las dos partes enquistadas en su locura y encima sin que haya una reacción de la mayoría social que creo percibir como no prestando apoyatura a lo se nos avecina. Son ya muchas las veces que he intentado llegar a la inteligencia de las dos partes enfrentadas, como tantos otros, sin conseguir nada, como les sucede a los demás ciudadanos de buena voluntad. Faltan solo dos meses escasos.

Todavía hay tiempo pero cada vez menos. Lanzo al aire esta nueva llamada con la ilusión de que la oigan y cambien las hostilidades por el diálogo. Yo les aseguro que mi pensamiento viene respaldado por una mayoría de millones de ciudadanos de España y de Cataluña. Aún estamos a tiempo.