Opinión
Víctor Entrialgo de Castro, abogado y escritor. PD

Como Hitler enseñó, la ilegalidad, el delito, la maldad y la ignominia, no se convalidan ni con marchas ni con votos.

Soy español de nacimiento, de educación, de cuerpo, de espíritu, de lengua y hasta de profesión y oficio, español sobre todo y ante todo decía Unamuno. Le dolìa España.

Pero el dolor que tapa hoy a los demás es esa Cataluña entrañable llena de amigos de la que se han apoderado Más y Puigdemont, los massoveros de los Pujol, que han entregado Cataluña en manos de Esquerra republicana, cuatro frikis y una cabra.

Y en el dia que se conmemora una honorable derrota, unas hordas desafían a la Constitución y al pueblo soberano y amenazan a los funcionarios apoyando un golpe de estado, esperando pescar en rio revuelto y provocando con su ambigüedad, ladina, torticera y vil, plenos de mala fe, pisotean la verdad para victimizarse y rebañar unos miles de votos.

No debemos cansarnos de repetir las cosas importantes. El hombre separatista no es un hombre mosso, es un hombre masa, un hombre hermético, que no está abierto a ninguna instancia superior, en esta caso el orden público constitucional.

Por su parte la demagogia esencial del demagogo, de Mas, Puigdemont, Turull, Colau e Iglesias, -que grita sus recurrentes "memeces de vampiro ", radica en su irresponsabilidad ante las ideas mismas que manejan y de las cuales ni siquiera han sido creadores.

La demagogia es una forma de degeneración intelectual que como fenómeno europeo aparece en Francia hacia 1750 y se irradia por el continente extendiendo la creencia de que el método para resolver los grandes problemas humanos es la revolución, es decir la voluntad de transformar de un golpe todo y en todos los órdenes de la vida. O sea, una falacia, un mito.

Intenta la abstracción sublevarse contra lo concreto y por eso es consustancial a la revolución el fracaso, pues los problemas humanos no son abstractos sino muy concretos, porque son históricos.

El golpe separatista catalán, en su prisa incontinente e hipócrita de proclamar derechos vagos, imprecisos y absurdos, ha violado siempre el derecho fundamental del hombre que es la definición misma de su sustancia, el derecho a la continuidad.

La única diferencia radical entre humanos y chimpancés es que la historia humana nunca comienza "de nuevo". El orangután no se diferencia del hombre por la inteligencia sino porque tiene escasa memoria de sus errores, lo que le permite seguir equivocándose una y otra vez, indefinidamente.

Así, el hombre selecto no es el petulante que se cree superior a los demás sino el que reconoce instancias superiores y se exige más que los demás, aunque no logre cumplir en su persona esas exigencias superiores.

El hombre masa es el que en medio de marchas, golpes, revoluciones consignas y banderas, no atiende al Estado de derecho, no es lo suficiente Mosso, no se cuestiona nada, no piensa por si mismo y manipulado con nuestro dinero por Omnium cultural se encuentra a gusto entre la multitud adoctrinada cuando es rebaño. El, de por él, se quedaría a vivir entre ella. Se siente cómodo en el rebaño.