Opinión
Manifestación en apoyo de la independencia de Cataluña. PR
La insensatez y la indignidad no tiene límites en Cataluña

Que se acose a los guardias civiles o a los alcaldes que no apoyan la secesión mientras se recibe con toda clase de honores a un ex secuestrador, criminal multirreincidente que hace bien poco quiso reconstruir una banda terrorista que ha causado enorme daño en Cataluña, señala el punto de ruina moral al que ha llegado una parte muy significativa de la facción independentista.

Otegui es el referente para muchos de ellos porque hay que encumbrar a todo aquel que haya perseguido con denuedo el mal de España y, sobre todo, de los españoles. Hipercor, Vic, Sabadell, 54 asesinados, 224 heridos, casi un centenar de atentados, los ataúdes blancos, el miedo...

La furia separatista es tan superior al recuerdo de aquel horror que ahora se acoge al pistolero como si fuera «uno de los nuestros».

Más cercano parece este sujeto que Paco (17 años), que Rosa María (14), que Vanesa (11), que Ana Cristina (10) o que María Pilar (8), a los que los compinches de Otegui enviaron un coche con 200 kilos de amonal al patio de la casa-cuartel donde jugaban aquella tarde de mayo de 1991.

Hasta ahí han llegado. De entre todas las trapacerías, irresponsabilidades, trampas y traiciones que viene desplegando la facción sediciosa quizá sea esta la más abominable; no la más grave, claro, pero sí la que más duele porque afecta a la pasta de la que están hechos quienes honran al verdugo y olvidan a la víctima.

A este colapso moral, a este desfallecimiento de la decencia, han llevado Puigdemont, Junqueras y Forcadell a esa parte de los catalanes que se dejan seducir por el odio.

Porque no hablamos de otra cosa que de odio y de alienación, los que llevan a pintar de fascistas a los alcaldes que cumplen con la ley y a abrir pasillo y cantar loores a quien ha dedicado toda su vida a vulnerarla.

El proceso de radicalización de la facción sediciosa está siendo fulgurante y echa mano de todo lo que irrite a España, ya saben, «esa ladrona» para la manada.

Según se aproxime el 1-O, ese cerco atosigante se estrechará. Y crecerá exponencialmente el acoso a los no adictos al régimen de la estelada porque así favorecen la división y el miedo.

«Dejad en paz a los alcaldes», le espetó este 11 de septiembre de 2017, harta de coacciones, la alcaldesa de Hospitalet a Puigdemont.

Difícil tiene que le atiendan la demanda quienes parece que prefieren pasear a Otegui o exhibir fotos de etarras que honrar la memoria de la pequeña María Pilar.

¡Otegi! ¿Has venido a Barcelona a pedir perdón por Vic e Hipercor?