Opinión
Víctor Entrialgo de Castro, abogado y escritor. PD

España es solidaria y sociológicamente socialdemócrata porque como no hay gente bastante que cree, pueda o quiera crear riqueza, según los casos, la mayoría somos partidarios de que se reparta. Otra cosa es la política, que tiene muchos prismas.

Pero que ante un golpe de estado cansino, cobarde, ruin y miserable, con sus autores envalentonados durante meses precisamente por encontrar un Gobierno débil, los partidos que dicen representar a la izquierda, dispersos entre sus ambiciones y sus demagogias, con dirigentes y cuadros incomparablemente inferiores a los de hace 30 años, se ponga de perfil frente a los enemigos de la libertad y la Nación, harta ya de esta pantomima, carece de justificación y probablemente de nombre.

Cualquiera que ante un terremoto o una catástrofe, natural o política se pusiera a buscar sus joyas o sus votos en lugar de colaborar primero en la retirada de los escombros que atrapan o coaccionan la libertad de millones de gentes sería considerado un miserable.

Lo que en medio de un golpe de estado dicen Iglesias, Garzón y estos personajes, -cuya demagogia resulta las más de las veces indignante y provocadora porque así lo pretenden-, hablando de diálogo y de negociación, con las maniobras, trampas y provocaciones a la Nación y al prestigio del primer estado moderno de Europa, que todo el mundo está viendo, viene a ser tan ruin y miserable como lo de Puigdemont.

¿De verdad que ustedes no aciertan a ver su responsabilidad en la repetición de la Historia de España y las razones que, si no justifican, sí explican y sacan a la superficie con claridad meridiana y cristalina los motivos que condujeron a lo peor de nuestro pasado al volver a poner sus mezquinos intereses por encima del interés general, que ahora requiere lo que requiere, que la Nación está pidiendo, que el Gobierno está tardando, y restaurado el orden constitucional y recuperada la normalidad Dios dirá?

Y lo mismo respecto a la palabrería hueca cabe decir al Presidente del Gobierno. Llegado este punto y este cansancio nacional, sobran las palabras. Déjese de repetir las mismas amenazas mil veces con la consiguiente pérdida de credibilidad y autoridad y actúe frente a los golpistas de una puñetera vez.