Opinión
Manuel del Rosal García. PD

Dicen las lenguas de doble filo que Maricarmen Forcadell entró al juzgado cantando a voz en grito "¡Yo soy la Carmen de España! Y no de la independen, y no de la independen" Tanto ha cambiado su posición respecto a la independencia nada más estar frente al juez.

Parece ser que el próximo paso de Maricarmen Forcadell para demostrar que está totalmente arrepentida y contrita de su deriva independentista, es jurar la bandera nacional. Aquello de "Firmeza ante la amenaza del gobierno español" y "No daremos ni un paso atrás porque los ciudadanos nos han elegido" eran música para canarios y milongas para tener contento al personal. - Señoría, juro y perjuro que amo a España, que acataré la Constitución, respetaré el 155 y todos los artículos que me pongan por delante. Fíjese señor juez que en la mesa de mi despacho tengo enmarcada la foto de Mariano Rajoy -

La frase "Bajarse los pantalones" indica que una persona ha cedido en una negociación de forma deshonrosa cuando la presión o el miedo, o ambas cosas, hacen que se den por buenas las posiciones a las que se mostraba contrario.

Maricarmen Forcadell ha tenido una bajada bárbara de pantalones ante el juez. Tras meses de postureo arrogante, chulesco, fátuo y prepotente, Maricarmen se ha arrugado como una pasita y ha pasado de ser una loba a una ovejita mansa. Su anterior prepotencia ha dejado paso a una postura genuflexa y borreguil. Maricarmen se ha tragado todas sus palabras y ha puesto en su boca el ¡Viva España! de Manolo Escobar a voz en grito. No le ha importado que ahora los que confiaban en ella, los que ciegamente la seguían en un ejercicio supino de estupidez, le apliquen el apelativo de "botifler". Mientras se veía protegida tras la barrera de la mesa del parlamento catalán, toda ella se mostraba fuerte, valiente y decidida; pero cuando ha dejado la barrera y ha tenido que pisar el albero y hacer frente al toro de la verdad, se ha desmigajado como se desmigaja el pan. Y es que Maricarmen y todos los que son como ella son la representación genuina de la hipocresía y la cobardía en una mezcla deleznable, en un bodrio maloliente e infumable que tan solo pueden ser ingerido por quienes, ausentes de cualquier raciocinio, se creen a pies juntillas que la Tierra es cuadrada con tal de que tal estupidez venga envuelta en la estelada.