Opinión
Unidad de España

CONCLUYE hoy un año en el que España vivió peligrosamente. Porque durante el mismo se cumplieron muchas de las amenazas que se han gestado en años, lustros y décadas anteriores.

Sin que nadie hiciera absolutamente nada por desactivarlas. Por el contrario se permitió que se consumara un golpe de Estado organizado durante años a plena luz. Hemos estado en 2017 cerca de la catástrofe.

Porque pudimos lamentar muertos en enfrentamiento civil entre españoles. En lo que habrían sido daños irreparables. Sobre todo el día 8 de noviembre, cuando grupos separatistas con la complicidad de los Mozos de Escuadra paralizaron las comunicaciones en Cataluña.

Fue paradójicamente la asistencia al delito por parte de la policía autonómica lo que evitó tragedias. Porque las víctimas de aquella operación masiva de coacción, los españoles de bien bloqueados en las carreteras, hartos en Cataluña de ver pisoteados sus derechos, estuvieron a punto de recurrir a la fuerza para defenderlos.

Lo habrían hecho en muchos cortes con barricadas en autopistas y carreteras si los mozos de escuadra no hubieran ejercido un apoyo tan contundente a los delincuentes que cortaban el tráfico y cercenaban las libertades.

Esa fuerza armada de 17.000 miembros participó en esas y otras acciones necesarias para el golpe de Estado llevado a cabo por la Generalidad. Ahí es nada. Lo vieron todos los españoles el día 1 de octubre y después.

Hasta llegar a la nefasta y vergonzosa proclamación desde el parlamento regional de «la república catalana, como Estado independiente y soberano». Nadie impidió esa página negra en la milenaria historia de la Nación Española y en cinco siglos de estado moderno.

Pero aunque hayamos vivido 2017 con peligro y ofensas insufribles, 2018 se abre con una esperanza que España no gozaba desde los comienzos de la transición. Se ha roto la permanente deriva antinacional que impuso el consenso político bajo el síndrome del antifranquismo.

La grave agresión y la humillación sufridas han despertado a la nación. Capital fue el para muchos inesperado y soberbio liderazgo moral de un Rey Felipe VI que expresó el juicio y la voluntad nacional al tachar de intolerable lo intolerable frente a la insufrible política pusilánime y cobarde. Al discurso del Rey se unió el pueblo en Barcelona. Y el gobierno tuvo que reaccionar.

La sociedad española se ha reencontrado con España. Que es una nación milenaria a la que se ha tenido maniatada y vejada a fuerza de identificarla con un régimen, el del general Franco, que duró 35 años y concluyó hace 42. La crisis en Cataluña está lejos de solucionarse.

Pero España comienzan este año de forma muy diferente a los anteriores. Las banderas nacionales siguen en las ventanas y la defensa de la nación, de su unidad, de su historia y de su lengua común, es ya prioridad para muchos millones de españoles.

Quienes no reaccionen podrían verse pronto arrollados por esta nueva realidad tan esperanzadora.