Opinión
El vicesecretario de comunicación del PP, Pablo Casado. EP

La séptima planta de Génova, la llamada planta noble, mantiene los despachos vacíos y las luces apagadas. El relajamiento propio de estas fechas promete desvanecerse a la vuelta de Reyes.

El PP desempolvará la maquinaria electoral de cara a las elecciones municipales y autonómicas de 2019, importante antesala de las generales de 2020. En efecto, si se cumplen las previsiones, el proceso de elección de los candidatos promete adelantarse y resolverse de manera escalonada entre marzo y septiembre, en función de las necesidades de cada organización.

Este propósito supone un cambio de usos y costumbres en el propio Mariano Rajoy, proclive a tomar las decisiones en el último momento. Sin embargo, en esta ocasión los populares necesitan con urgencia una renovación profunda de cabezas de cartel ante el desafío de recuperar el gran poder territorial perdido, sobre todo por los acuerdos entre el PSOE y Podemos.

La pérdida de la mayoría absoluta les impidió gobernar la Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha, Cantabria, Baleares o Aragón, y retuvieron gracias a C´s la Comunidad de Madrid, Castilla y León, La Rioja y Murcia. Por el camino, el PP quedó descabezado en capitales como la misma Madrid, Valencia, Alicante o Palma de Mallorca.

En la sede de Génova pueden frotarse las manos con el hundimiento de los morados, pero, en contraposición, tienen motivos de honda preocupación con el despegue naranja. Más allá del "efecto Arrimadas" en la misma Cataluña, llevan tiempo detectando un aumento de la simpatía a favor de los de Albert Rivera en el arco mediterráneo, pero también en el interior del país.

Sobre todo en las grandes urbes. Los populares pueden confiar en la implantación de sus estructuras, muy superior a la de C´s, aunque en paralelo están obligados a impulsar con tiempo suficiente a nuevos candidatos para afianzar sus proyectos ante el votante: "La renovación", insisten ahora algunos mandos del PP, "es prioritaria". El propio Rajoy sabe que le esperan meses intensos de encajes hasta que esos carteles electorales con caras nuevas estén dispuestos para ser presentados en sociedad.

¿Quién irá de número uno por la capital de España? ¿Pablo Casado? "Si es quien tiene más opciones, no debería haber dudas", repiten altos cargos populares. Extremo éste que también se atisba en el entorno de Cristina Cifuentes, que espera al menos poder participar en la decisión final de Mariano Rajoy.

Máxime cuando en las anteriores elecciones fue Esperanza Aguirre quien hizo y deshizo, incluso en la candidatura autonómica que encabezó la misma Cifuentes.

En las quinielas de Madrid también sigue colándose Iñigo Méndez de Vigo, aunque más parece una operación orquestada desde las sentinas del mismo ministerio de Educación y Cultura. ¿Y si el "dedo divino" del presidente no se posa sobre ninguno de los dos? La mayor parte del Gobierno y del PP descarta la opción Soraya, siempre en el aire para cualquier puesto que salga a subasta.

Sea como fuere, son numerosas las incógnitas que todavía debe despejar "el jefe" y muchos los gestos necesarios para mantener contentos a los barones, partidarios en su mayoría de haber adelantado las designaciones a finales del año pasado.

El andaluz Juan Manuel Moreno ha estado a la cabeza de esta corriente, ante la amenaza de un adelanto electoral de Susana Díaz. La valenciana Isabel Bonig ha sido otro ejemplo de responsable regional que ha alzado la voz de alarma.

En su caso, ante el avance naranja en su territorio, con Toni Cantó al frente. Y con un Esteban González Pons que mira expectante desde Bruselas. En parte, sus peticiones van a ser atendidas por Rajoy.

Por supuesto, la última palabra la tendrá únicamente el líder de la formación, que después suscribirá el Comité Electoral convocado a tal efecto en la sede nacional del partido. Todo, se hará bajo la batuta de Mariano Rajoy, sí, pero también todo apunta a que estamos ante otra etapa.

"El Presidente tiene bastantes huecos para presentar una foto de rostros jóvenes y nada gastados que den la imagen de renovación que todo el mundo espera de la mayor formación política española", en palabras de uno de sus interlocutores habituales. Según repiten en conversaciones informales dirigentes de aquí y de allá, ése es sin duda el camino que debe recorrer el PP.

Ahora falta que Rajoy esté de acuerdo.