Opinión
El prófugo Carles Puigdemont en la manifestación independentista catalana de Bruselas. RF

A veces el tiempo parece detenerse y luego se acelera. En tanto Puigdemont y sus acólitos buscan la pensión en Bruselas a costa del erario público, agotada cada día mas la cartera de su feligresía, el calendario se vuelve por momentos inminente. El 17 de enero deberá constituirse el Parlamento de Cataluña, y los fugados pretenden convertirse en embajadores plenipotenciarios y virtuales de la nonata república catalana. Tratan de gestionar una web que a modo de club vaya incorporando a todos cuantos quieren convertirse en ciudadanos virtuales de una república virtual en el corazón de Bruselas, que mantenga en sus puestos con una pensión perpetua a sus promotores con la inestimable ayuda de la ultraderecha fascista antieuropeista flamenca. Bélgica es un Estado fallido, condenado por vulneración de los derechos humanos, cuyo sistema judicial trata de exonerar su culpa, cuestionando la democracia ajena, un Estado que sobrevive en el corazón de Europa gracias a las instituciones europeas.

Se debate ahora en los tribunales la suerte de monsén Junqueras, el alma viva del carlismo con bendición eclesial, verdadera encarnación de quien desde el púlpito predica la paz señalando a los enemigos e incitando a los energúmenos de la patria catalana. ¿Volverá Puigdemont?, ¿Se abstendrán la CUP y Podemos?. Deberíamos consultar a ZP1, un erudito en ouija, quiromancia y adivinación del futuro en razón de que su heredero ZP2 no es capaz de predecir nada, ya que PSC representa las coordenadas GPS de un barco hundido. Ahora sabemos que Junqueras no saldrá del cenobio de Estremera. El Supremo ha resuelto con toda claridad lo que es notorio y evidente, que forma parte de una trama golpista que reiterará hasta el hastío una práctica delictiva. Puigdemont debe correr la misma suerte. La burla sería que no quedara claro después de lo sucedido como una fracción social minoritaria trata de destruir la democracia española.

Y a partir de ahí en un torbellino ocurrirán las elecciones europeas que se celebran cada cinco años. Las próximas serán el 9 de junio del año que viene. Las elecciones municipales y autonómicas se jugarán en el mismo tablero del calendario; en muchas comunidades coincidirán con las europeas las de los ayuntamientos y las autonómicas. Si por gajes democráticos se adelantaran las catalanes, bien podrían ser el anticipo de las andaluzas en marzo del 2019, un tirón electoral agotador que despejaría el horizonte de las elecciones generales en 2020. En el mismo horizonte se resolverían las elecciones gallegas y vascas.

El analista político como el periodista audaz aspira en su oficio a ejercer de profeta en su tierra. Hacer conjeturas es cuestión resbaladiza análoga a andar por el lago Enol de Covadonga donde se cree pisar la hierba y se acaba acariciando el barro. Pero como aventuró Oscar Wilde, resistimos todo excepto la tentación. Nuestra apuesta lúdica bien podría servir de motivo a jugadores londinenses, los mismos que apostaron contra su país, y andan ahora arrepentidos sin posible retorno. Ahórrese el lector las críticas y apueste por los argumentos de un pobrecito hablador. Hete aquí.

Junqueras podría haber salido de prisión, pero en ese viaje de ida y vuelta a la cárcel se crecería en su moralina de ser testigo y víctima de un Estado que impone la democracia de la nación española al partidismo separatista encarnando una nueva singladura institucional del separatismo catalán. El Supremo ha ejercido justicia con sabiduría. Las condiciones son ahora muy distintas. A Puigdemont apenas le quedan dos telediarios. Cada día hay mas creyentes conscientes de que el mesías preferirá el solaz sosiego bruselense que la sombra carcelaria. Su amañado matrimonio actúa a favor de ese propósito. No sólo sabe, como monsén Junqueras que firmar el acta de diputado obliga a acatar la Constitución por escrito, una penitencia de la que no cabrá decir como Enrique IV, el primer borbón de la dinastía francesa, "Barcelona bien vale una misa", porque la oficia monsén Junqueras. A estas alturas es meridianamente claro que se ha cumplido el sueño pujolista por antonomasia, declarar extinta la autonomía, la república nonata, la sociedad catalana, y el partido hegemónico en la figura de su fundador. Los regímenes dictatoriales desaparecen en el sátrapa que los encarna. Si Pujol fue el Papa catalán, Artur Mas ha sido el anticristo, y la madre superiora, Marta Ferrusola, la expresión mas meliflua y delirante del cainismo racista.

La exCIU ya no tendrá que votar a Junqueras y tragar sapos y culebras. Un contrito por vía de hechos Junqueras, tendría que posponer la independencia e intentar enmendar la plana a Puigdemont para cargar sobre el la principal responsabilidad del 155, al mismo tiempo la exCIU con una lista digital de Puigdemont sufriría finalmente su extinción. Pero ya no lo podrá hacer. Ni tampoco lo hará la inefable analfabeta Marta Rovira. Puigdemont quedará como pensionista hasta que la Ley pueda imponerse con toda su fuerza. ¿Podrá oponerse Puigdemont a un President de la Generalitat reclamándose como legítimo presidente de Cataluña después del 31 de Enero? Ciertamente, no. La transaccional bien podría ser Santi Vila recuperado de haber dejado los fogones brasileños. Frente al compungido arrepentimiento que debería mostrar monsén Junqueras para aliviar en lo posible la carga de la cárcel, éste sólo argumenta su fe, como pasa a todo creyente del apocalipsis. Puigdemont, por su parte, representa un delito continuado. Deberá correr el mismo destino. La tensión judicial deberá decidir en justicia si ha de merecer mas castigo quien se mantuvo en la cárcel en un acto de cristiana resignación que el irredento que se vende como eterna amenaza, pero no ha querido llevar la cruz como se habría pedido a cualquier cireneo. Ninguno es interlocutor. Los separatistas y los golpistas, su ejército de Jordis y Rodrigos Lanzas en la sombra, deberán reinventarse. Entretanto la cárcel curará sus males. Creían haber descubierto que formar parte de Terra Lliure sin bombas iba a darles más réditos que las bombas sin mas que promover la sublevación. Ahí quedan los sindicatos catalanistas que albergan a los asesinos de Terra Lliure. Para el mes de mayo o junio el auto del instructor Llarena se encontrará listo, y un temblor de nuevo sacudirá la cámara catalana. El separatismo catalán siente el acoso de la Justicia mientras se extiende y profundiza la crisis de Cataluña, de la que ha emigrado el talento y el capital. Quienes aman a Cataluña no quieren una Cataluña medieval, retrasada e irredenta que vive del capital económico, político y social del siglo veintiuno.

Las claves de las elecciones de 2019 dependerán de la evolución del asunto catalán, de los ciudadanos de Tabarnia que ven como sus impuestos sirven al carlismo de raíces rurales y místicas, y sobre todo de cómo se configure el Parlament y de las celdas que ocupen algunos secesionistas. Un panorama que indica que el nacionalismo catalán llegó a su pico y el cabo furriel monsén Junqueras ha pedido al corneta Puigdemont que toque retirada. Quería ser quien llamara a la tropa. Pero tampoco. Ya lo dijo Arturo, no hay plan B porque ni siquiera tenían un plan A. El independentismo ha sido un fiasco y como dijo Quevedo en 1645, les prometieron convertir el plomo en oro y con el oro terminaron pagando el plomo. Tras la estafa de Pujol y su Sagrada Familia queda la venganza y tras la venganza ha quedado una economía tocada y una evasión fiscal, empresarial y social que ha hundido el prestigio de Cataluña por unos cuantos años. Tanto esfuerzo por capitalizar para que los peores políticos de la historia de Cataluña hayan competido con su necedad con los Popes de Montserrat. La clave de Sol de la histeria colectiva ya pasó, dejando paso a la grave clave de fa, solo queda saber quién va a dar el do de pecho, ya saben del aforismo a lo hecho pecho o como dice Junqueras, "Estoy aquí porque no me escondo nunca de lo que hago" y "doy la cara". Con la misma lógica tendrá que afrontar su destino. Puigdemont es como el cura lanzahostias que describía Boris Vian mientras que Junqueras es el cura comehostias. El nacionalismo se inventó en Montserrat y CIU, no lo olvidemos se fundó en este Monasterio. Es la iglesia catalana la que apoya el supremacismo, es la iglesia la que animó la limpieza étnica en Alemania, y con la Iglesia, amigo Sancho, hemos topado. Tanto mas fiero es el tigre cuanto adivina su agonía.