Opinión
Carles Puigdemont (JxCat) y la secretaria general de ERC, Marta Rovira. EP

Dice el Diccionario usual de la RAE que gualdrapa es "Cobertura larga... que cubre y adorna las ancas de las mulas y caballos". Y tiene, como segunda acepción: "Calandrajo desaliñado y sucio que cuelga de la ropa".

La definición del palabro, aparte su exposición académica, y teniendo en cuenta su misma raíz con el término gualda, aplicado al color "amarillo", construye simbiosis conceptual con el colgajo de "amarillo mostaza", torpemente soez y petulante, adoptado por el independentismo catalán como símbolo de reivindicación política para protestar por el encarcelamiento de sus políticos golpistas y malversadores, traidores a la Constitución que juraron, y que ponen en peligro la estabilidad y el bienestar de su propia autonomía.

El simbolismo del amarillo resulta curioso y contradictorio, debido a la misma naturaleza de su inestabilidad colórica: por un lado, se le suele asociar con la felicidad, el triunfo y el optimismo; por otro, se le relaciona con la envidia, los celos, la traición, el egoísmo y el narcisismo. Narciso es personaje griego mitológico, egocéntrico, que se enamora de si mismo. Piénsese en Puigdemont, ese Narciso "Presidente electo" huido y verborreico.

El amarillo admite varias tonalidades y gamas: desde el "amarillo dorado", que se escoge para las banderas (figura en la española y, por adopción en las de Aragón, Cataluña, Valencia, Baleares), y otras opciones más claras o mezcladas: naranja, limón, plátano, ámbar, mostaza... Al ególatra Puigdemont, siempre en la nube, y sus congéneres narcisos picantes, les va el amarillo mostaza, con sabor extra que "se pasa".

El amarillismo como fenómeno social invade varias esferas de la vida del hombre: la prensa, la propaganda, el cinema, la política... Se trata de un estilo literario y publicitario relacionado con la narración y la retórica, sensacionalista, emocional, apasionante, corrosivo, agresivo, mendaz, exagerado... Se da frecuentemente en ámbitos de Comunicación y de movimiento de masas, con intenciones de engaño, escándalo, ajuste de cuentas, luchas de poder, movilización radical, persuasión confesional... Lo usan la literatura, la publicidad, la historia, la religión, la política...

En política activa abusan del amarillismo los partidos mas radicales, los nacionalistas extremos y los movimientos terroristas. En España, en los últimos años, ha sido utilizado como instrumento de movilización y de adueñamiento del poder autonómico por el independentismo catalán, que pugna por destruir la Unidad de España, después de que la Nación soportara históricamente el totalitarismo y el terrorismo de ETA.

En el último periodo del nacionalismo catalán exacerbado, la España democrática y europea ha sufrido los más fuertes embates del movimiento secesionista iniciado por Jordi Pujol y continuado por Artur Mas y Carles Puigdemont, como representantes de un catalanismo separatista que ha evolucionado y acrecentado por causas diversas, relacionadas con una genuina diferencia regionalista incontrolada. Pero, remarcando que Cataluña se significó, al comienzo de la democracia, como una de las regiones que mayoritariamente apoyaron la Constitución del 78.

El fenómeno identitario de un nacionalismo histórico en ciernes en Cataluña, ha sido reforzado, en la larga trayectoria de la democracia española, integrada en Europa, por estrategias de sectarismos y luchas de poder entre los tradicionales partidos nacionales, defensores de la Unidad de España y de su Estado de Derecho.

La batahola del separatismo catalanista, arrumbado a un proceso rupturista y de secesión por la vía rápida, con amparo en la ilegalidad, en la movilización popular organizada y en apoyos parlamentarios del populismo y del radicalismo antisistema, ha generado la actual situación, caótica y nefasta, corregida por el Estado con la aplicación del Articulo 155 de la Constitución, que debe poner término, con inteligencia política, con sentido común y con diálogo auténtico, a la guerra sin cuartel de los "lazos amarillos" y todo tipo de amarillismo.

La palabra definitiva de regeneración autonómica, aparte el necesario control del Cuarto poder (piénsese, particularmente, en TV 3) la tienen la Monarquía española, con la colaboración de Europa y con el ejercicio, inteligente y eficaz, de las funciones democráticas de Gobierno, de Legislación parlamentaria adecuada y de aplicación ajustada, por el Poder judicial, del Estado de Derecho.

*José Luis Suárez Rodríguez es Analista Político. Asesor. Director de www.masespaña.es