Opinión
Víctor Entrialgo de Castro, abogado y escritor. PD

Despues de ver las orejas al lobo los separatistas no quieren dar un paso adelante para ponerse a tiro de los jueces en las instituciones. Y así como en la canción de Riqui Martin, Artur Mas, Mundó, Forcadell y otros más, despues de dar un pasito alante han dado ahora un pasito atrás para salirse del cuento, o ver los toros desde el escaño, según tengan o no otro modus vivendi.

Pasa pasa, te cedo el puesto, que yo ya estuve en Estremera y en la Audiencia o en el Supremo y a mi me da la risa.

Ahora sólo queda encontrar un kamikaze, alguien que no tenga nada que perder, o ansioso de notoriedad, como el hermano de Maragall, Enric, siempre a la sombra de Pasqual, que se ha cambiado incluso de partido y tiene por fin ocasión de relumbrar, es normal, para conducir a la tierra prometida a menos de media Cataluña, porque la otra media ha votado a los constitucionalistas o, sencillamente, no quiere ir a ningún sitio.

Puigdemont el cobarde fugado que huyó tras proclamar la república y dejar puesta la bandera monárquica en el palacio de la Generalitat, dejó tirado a los suyos. El "Jo non soc aquí" del hombre de la ruptura, los numeritos y las payasadas, quiere ahora que un fantasma presida la Generalitat de Cataluña, con un recopilatorio de cacofonías, cadenas y ruidos extraños que llevamos oyendo desde hace meses.

Antítesis de la seriedad, el acuerdo y la reconciliación del añorado President Tarradellas, el huido de la justicia reune a sus pelotas en Bruselas. Yo comiendo chocolate y tú en la cárcel Junqueras, necesariamente tengo que ser yo presidente por teleconferencia, hasta que salgas y te recuperes del convento ese en que te tienen metido.

No se entiende cómo el derecho a mentir dentro de una estrategia de defensa para salvar el trasero, puede establecerse como condición para eludir la prisión y ser considerada una manifestación sincera.

La actitud de Forcadell, un pasito palante Maria, un pasito patrás, que sigue de diputada en la política de su partido rupturista, es la prueba irrefutable. Aunque miedo han cogido sin duda, la burla continúa. Pasa tú que a mi me da la risa.

Llevamos viviendo meses en un cuento con castillo encantado lleno de fantasmas con bola y cadena que no han dejado de meter miedo a la gente, que resulta que ahora quieren quitarse la sábana y no pueden.