Opinión
Censura, periodismo, prensa, información y propaganda. PD

EL Gobierno ha tomado medidas y dicen que contratado a un equipo de expertos para combatir las noticias falsas en ese territorio incorpóreo que tiene nombre de restaurante-marisquería: las redes.

No sé si, en plan muñeca rusa, esto, a su vez, es una noticia falsa. ¿Cuántas noticias falsas nos tragamos al día como verdaderas, noticias falsificadas como los bolsos de marca que venden los manteros de color protegidos por Ada Colau?

Hasta el Papa de Roma, que las sufre, se ha pronunciado, en la festividad de San Francisco de Sales, patrón de los periodistas, sobre las noticias falsas:

«Las "fake news" se convierten a menudo en virales, es decir, se difunden de modo veloz y difícilmente manejable, no a causa de la lógica de compartir que caracteriza a las redes sociales, sino más bien por la codicia insaciable que se enciende fácilmente en el ser humano».

Se ha quejado el Pontífice como víctima de estas «fakes news», a las que toda la vida de Dios se les ha llamado embustes, pero que en inglés quedan como más resultonas.

Hasta el punto de que yo no sabía que, al modo de lo del Gobierno español ya citado, en la Santa Sede han creado una Prefectura de la Comunicación para ocuparse de estos asuntos.

Como Larra decía que «todo el año es Carnaval», con las noticias falsas de las «fakes» parece que todo el año es Día de los Inocentes.

De los inocentes lectores que nos las tragamos como verdaderas. Igual que se han borrado las fronteras entre el bien y el mal en este mundo sin valores donde triunfa el supremo principio del «todo vale» y de lo más cómodo, tampoco hay distingos entre la verdad y la mentira.

Las noticias falsas, los embustes planificados y distribuidos de forma que se hagan imparables, lo que llaman «virales», tienen su campo abonado en la absoluta pérdida de principios donde para muchos el dinero y el poder, o ambos, son la medida de todas las cosas.

Acusar suelen a los rusos del uso de las noticias falsas desde las redes para beneficiar a unos u otros. ¡Qué antigüedad!

¿Saben a qué me suena? Al «Rusia es culpable» que dijo Serrano Súñer. O sea, dicho en términos de «Sálvame» de los que ahora se llevan: al Cuñadísimo, amante de la Marquesa de Llanzol.

¿Rusia es culpable de todas las noticias falsas, de todas las manipulaciones? Sin ir más lejos, en España hay cadenas de TV que tienen sus servicios presuntamente informativos dedicados monográficamente al lanzamiento de noticias falsas y manipulaciones verdaderas contra el Gobierno y las personas decentes, y a favor de los antisistema, los separatistas, los mangones, de toda la gentuza habida y por haber, chusma que allí suele tener su diario asiento, cobijo y altavoz.

Si las noticias falsas las lanzan los rusos, los tenemos dentro de dos cadenas españolas de TV que yo me sé y ni te cuento en TV3.

Los tenemos metidos hasta los tuétanos de los independentistas catalanes, especialistas en noticias falsas, como la de la lealtad de los mozos de escuadra en el cumplimiento de la ley, que eso no es una noticia falsa, eso es para hartarse de reír.

¿Y lo de Waterloo? ¿Por qué todos hemos tragado con que el cobardón cagueta y prófugo de Puigdemont dejaba de vivir de gañote como gorrón en la suite más cara del hotel de la cadena de Joan Gaspar en Bruselas y se iba con un alquiler carísimo a un casoplón de Waterloo?

¿Se va a o no se va a Waterloo? ¿O se va por el Water Closet en vez de a Waterloo, después de que hasta sus más leales hayan tirado de la cadena para descartarlo como fábrica de noticias falsas sobre la Declaración Unilateral de Independencia, cuyo acrónimo, DUI, suena a chisme para las señoras en el ídem?

¿Saben que hay que hacer ante la ola de noticias falsas que nos invade? No creerse nada. De nadie.

Porque no se olvide que cada viernes, en el Consejo de Ministros, nos anuncian un montón de noticias falsas sobre nuestra prosperidad. Y nos las tragamos todas.