Opinión
Oriol Junqueras (ERC) con Carles Puigdemont (PDCAT). CT

El Emperador Napoleón, después de los Cien Días de su vuelta a Paris desde el exilio, se dirigió hacia Bélgica con sus 200.000 fieles. Maldiciendo de la traición que sufriera de Talleyrand, su Ministro de Exteriores, y declarado proscrito por los ejércitos aliados de Europa, terminó vencido en Waterloo. Todo para él había acabado.

El paralelismo se reproduce hoy, pero ridículamente, en la persona del Presidente de la Republica de Cata Qué. Carles Puigdemont está, fracasado, en Waterloo, quejándose de traición de los suyos, perseguido por la Justicia de España, repudiado por los lideres de Europa. Allí se declara "Presidente en el exilio", en expectativa de prisión en Estremera, su Santa Elena.

Es el episodio penúltimo de un procés que intenta reproducirse, y que ya huele a más que podredumbre. Efecto de la mucha parda mierda instalada con lazo amarillo. Mientras, el pueblo de Cataluña no levanta cabeza: huidas las grandes empresas, arruinados los pequeños empresarios, elevada la deuda de su economía a la cuarta potencia, la Alcaldía de Barcelona noqueada, el Turismo en retirada, el cava y la butifarra venidos a menos... Y continúa la matraca del independentismo irredento subiéndose por paredes inalcanzables; siguen levantadas en "alzamiento nacional" las estacas de los alcaldes soberanistas; siguen las movilizaciones que intentan la alternativa de Jordi Sánchez, a quien Puigdemont ha presentado como "el investido de piedra"; siguen los trapicheos de los "Juntos sin Vergüenza" para aplaudir las hazañas y añagazas de "su President" furtivo.

Continuando con la mentira compulsiva, desmintiéndose de lo declarado, con perjurio, ante los jueces, los dirigentes del separatismo catalán, mientras que a escondidas declaran, con Puigdemont: "Esto se ha acabado, los nuestros nos han sacrificado", traman planes y programan estrategias para repetir el modelo de secesión unilateral que dio lugar a la aplicación del 155, no siendo el independentismo, por sufragio, partido ganador de las elecciones autonómicas del 20 de Diciembre, ni representante de la voluntad mayoritaria del pueblo de Cataluña, se apresta a repetir el desafío al Estado desde el Parlament, desde el exilio y desde la cárcel, enfrentándose a la legalidad constitucional.

El hecho es que el Juez del Tribunal Supremo, Pablo Llarena, ha decidido ampliar hasta 28 los presuntos responsables del proceso independentista, frustrado por la aplicación del articulo 155, como responsables de posibles delitos de rebelión, sedición y malversación, imputando en la nómina, entre otros, a Artur Mas, a Anna Gabriel y a Marta Rovira, que formaban parte del denominado Comité estratégico encargado de desarrollar la hoja de ruta del soberanismo unilateral.

Ellos reivindican que los ciudadanos llamados a las urnas han ratificado el proceso soberanista y la declaración unilateral de independencia, dando por legitimada la República Catalana y como "su presidente" a Carles Puigdemont. Marta Rovira ha sido señalada por informes de la Guardia Civil, como la "mente pensante" que daba órdenes para el cumplimiento del proceso y que ha luchado en pro de "la restitución del Govern legítimo de Cataluña".

El procés ha sido, y sigue siendo, un fenómeno hediondo de corrupción política, montado por la burguesía catalana establecida, con ayuda de la pseudoizquierda de la CUP, tan hijos de papá como los podemitas. Lo instaló la familia Pujol, en base al "tres por ciento", y lo continúan ubérrimamente los sucesores de Convergencia Democrática de Cataluña, al frente de una trama mafiosa con los escándalos del Palau, la ITV, Adigra, Banca Catalana..., y últimamente las turbias Aguas de Girona, en cuyo desfalco no son ajenos Carles Puigdemont y Roger Torrent, los lideres más significados del actual momento de procés.

*José Luis Suárez Rodríguez es Analista Político. Asesor. Director de www.masespaña.es