Opinión
La portavoz de Unidos Podemos en el Congreso, Irene Montero. EF

COMO la Real Academia Española traga y acepta que a su Diccionario le hagan cuantas revisiones políticamente correctas tengan por conveniente, habrá que defender nuestra Lengua diciendo que no es un idioma, sino un toro bravo, o un león, o un tigre, o algo así.

Lo digo por el maltrato. En esta España tan celosa con el maltrato animal, que en muchos ayuntamientos ya no dejan que los leones, los tigres o los elefantes amaestrados actúen en los circos, pueden impunemente arremeter contra un bien de nuestro intangible patrimonio cultural cual es la lengua, y deformarla, y dejarla irreconocible, que no te pasa nada.

Al revés, tienes tus cinco minutos de gloria muy bien despachados y el aplauso de toda la progresía y de los que viven de la mamandurria y del mangazo de dinero público en forma de escaño, y no lo digo de coña.

Lo digo por la portacoz parlamentaria de Podemos, Irene Montero, que ha superado a Carmen Romero y a Bibiana Aído en el maltrato a nuestra lengua y va camino del Libro Guinness de las Grandes Gilipolleces Españolas.

Sí, he dicho «portacoz» y no es errata. La señora Montero, en el maltrato de dar patadas y coces al español, ha superado el «jóvenes y jóvenas» de Carmen Romero, la ex de Felipe González, y el «miembros y miembras» de Bibiana Aído... que ha ido a Nueva York a buscarse un enchufe de no te menees en la ONU, ¡a trincar se ha dicho! Lo de Irene Montero llega más lejos, y retuerce la estructura de nuestra lengua de tal forma que hasta hace femeninos donde no se necesitan ni son posibles.

O sea, «lo que no pué sé, no pué sé y además es imposible», pero en versión lingüística. La Montero, poniéndose la lengua castellana por montera, por aquello de Montero y Montera, claro, ha anunciado que en un acto de Podemos en el Círculo de Bellas Artes iban a participar «portavoces y portavozas del grupo parlamentario». ¿Y el acto?

¿Qué le ha hecho el acto a la señora Montero y Montera para que celebren un acto y no un acto y un acta? Por descontado que en el Círculo de Bellas Artes y en la Círcula de Bellos Artos. Hartos de ver cómo se maltrata a la lengua.

La RAE, tan cobardona como Puigdemont para cortar por lo sano con esta destrucción de la lengua, lo tiene más que aclarado en torno a estas gilipolleces y gilipollezas: «La actual tendencia al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina va contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas.

Deben evitarse estas repeticiones, que generan dificultades sintácticas y de concordancia, y complican innecesariamente la redacción y lectura de los textos». ¡Pues al Código Penal con estos desdoblamientos!

Vamos a dejar los desdoblamientos para la carretera de Cádiz, para la Nacional IV, que es un matadero de criaturas entre Los Palacios y El Cuervo. Vamos a dejar los desdoblamientos para la carretera de Vejer a Algeciras, que hacen más falta. Y que la portacoz, como tantos (y tantas, faltaría más) deje de dar patadas a la lengua. ¿No multan por dañar un monumento nacional?

Pidamos que se extiendan al tesoro vivo de la lengua española las leyes protectoras de nuestro patrimonio artístico e histórico. Pues la lengua es nuestro más universal e intangible monumento nacional. Por eso igual que es delito el maltrato animal, y el maltrato a las mujeres, y a los niños, y a los seres indefensos, deberían tipificarse en el Código Penal las coces de la progresía (y del progresío) contra el español, desvalido ante la ola de imbecilidades que nos tienen rodeados (y rodeadas).

Y entre los delitos de odio, debería incluirse el más que demostrado odio de toda esta gentuza a la corrección gramatical.

Como «la Luna es una mujer» en la hermosa canción de Moraleda, Llovet y Lara, digamos que nuestra lengua española es también otra señora, y que se le debe caer el pelo a quien la maltrate.