Opinión
Mariano Rajoy con Luis de Guindos. EF

La marcha de Luis de Guindos al Banco Central Europeo, si el 22 y 23 de marzo se confirma su designación como vicepresidente de la entidad financiera, deja el área económica del Gobierno sin el contrapeso que suponía el ministro de Economía a las tesis de Cristóbal Montoro en Hacienda. Y no es un problema menor para el PP.

Este triunfo diplomático de Mariano Rajoy -si finalmente se produce- será costoso, porque con la marcha de Guindos se volatiliza también uno de los ministros mejor valorados del gabinete: y no solo entre las huestes populares, sino en general en todo el marco político. Empezando por Albert Rivera, que veía en su "talante negociador" un sólido puente.

A esa pérdida de valor del Gobierno en cuanto a imagen externa se refiere -justo en un momento en el que los naranjas aparecen en todas las encuestas ganándole terreno al PP entre el electorado del centro derecha- se une otra dificultad también importante: las disputas por acaparar poder dentro del partido y, muy especialmente, en el seno del Consejo de Ministros.

Si atendemos a lo que se viene filtrando desde distintas fuentes del Partido Popular, la marcha del titular de Economía no acarreará otros cambios de ministros. Dicho de otra forma, no existirá una remodelación en profundidad del ejecutivo.

De ser así, tendrán que esperar las voces que pretendían que su líder aprovechase la ocasión para hacer modificaciones profundas que diesen al Gobierno un impulso.

Desde hace semanas, parte de los barones regionales, con la mirada (y la preocupación) puestas en la cita autonómica y municipal con las urnas en 2019, solicitaban a Rajoy, al menos en privado, que no dejase pasar la ocasión para hacer una "puesta a punto" entre sus ministros, cambiando algunas de las caras más desgastadas después de casi siete años gestionado unos tiempos políticos que les han dejado muy tocados. Pese a ello, parece (con la dificultad que supone saber lo que de verdad piensa Rajoy) que no habrá más movimiento que el estrictamente necesario de cambiar un ministro que se va por otro que llegará. Al fin y al cabo, él mismo se ha dicho satisfecho con su gabinete.

Así que, salvo sorpresa mayúscula, todo el interés de esta crisis gubernamental va a quedarse en saber cómo gestiona Rajoy el cambio de Guindos. ¿Habrá ascensos dentro del propio Gobierno? ¿Escogerá el presidente entre los dirigentes del partido? ¿Hará un fichaje de campanillas que llegue desde fuera?

En el primero de los escenarios, los mejor colocados para asumir una cartera vacante de esa envergadura son el ya mencionado Montoro (aun cuando en conversaciones informarles haya descartado tal circunstancia: "¡Válgame Dios! Bastante tengo yo con ocuparme de lo mío", advertía días atrás) y, junto a él, otros notables ministros como Isabel García Tejerina, Fátima Báñez o Álvaro Nadal. Todos ellos ven con buenos ojos hacerse con las competencias que dejará Guindos.

Sin embargo, otras fuentes apuntan a una incorporación relevante que pueda sustituir a un personaje de tanto relieve entre los sectores económicos del país y con tanta imagen internacional (sobre todo, en el seno de la Unión Europea) como Guindos.

Han sido varias las personas que han aparecido ya en las quinielas. Nombres como el de Fernando Bécker, quien fuera presidente del ICO, que acaba de dejar Iberdrola y lleva días en la palestra.

Es amigo de Rajoy desde hace años y estuvo en las quinielas para la elección de gobernador del Banco de España. Dicen en los mentideros que cuando Guindos transmitió al presidente la conveniencia de que el gobernador tuviera línea directa con él ante el carajal en el sector financiero, Rajoy le preguntó: "¿Y tú? ¿Te llevas bien con Fernando Bécker?" Guindos asintió, claro, pero logró colocar a Luis María Linde.

Otras voces han lanzado por los mentideros a personas como Román Escolano, también ex presidente del ICO y actual vicepresidente del Banco Europeo de Inversiones. Incluso a Alberto Nadal, secretario de Estado de Presupuestos, aunque tiene un claro obstáculo estético: su mujer es la jefa de la Oficina Económica del Presidente.

Los rumores, desde luego, andan disparados. Todo cabe. Y algunos apuestan por un golpe de efecto del presidente, atrayendo a su equipo un fichaje de altos vuelos, al menos mediáticamente hablando, como el de Josep Piqué, quien fuera en su día ministro con José María Aznar y que retornaría así al Gobierno.

Piqué, tras dejar la política activa después de haber sido presidente del PP catalán, ha ocupado cargos en la empresa privada como el de presidente de Vueling y, poco después, consejero delegado de OHL. Actualmente es consejero en empresas como AENA y Seat.

Sin duda, quien fuera ministro portavoz, de Industria y Exteriores goza de una excelente reputación internacional, además de ser una persona cercana a Rajoy. Así mismo, cuenta en este momento con un valor añadido: ser catalán.

Solo el presidente sabe a día de hoy cuál será su decisión. Por supuesto. Aunque, si hubiese que atenerse a lo que en privado dicen sus mandatarios en el partido, este mismo lunes debería escuchar opiniones de sus presidentes regionales, convocados a un importante almuerzo de trabajo en Génova 13, pidiéndole cambios que sirvan a su formación y al Gobierno de trampolín para lanzarse a los tiempos prelectorales que llegan.