Opinión
Albert Rivera e Inés Arrimadas celebrando con militantes de Ciudadanos el triunfo de la Selección Española. EF

NI el desplome del PP y de Podemos ni el auge de Ciudadanos: la gran novedad de los recientes sondeos es la hegemonía sociológica del centro derecha. Por primera vez en cuarenta años de democracia, el bloque liberal-conservador alcanza más del 50 por ciento -el 51,4 en la de GAD/ABC- en casi todas las encuestas.

Eso son doce millones largos de votos; Aznar y Rajoy lograron mayoría absoluta parlamentaria, gracias al sistema D'Hont, con un 44,5 (entre diez y once millones), y ya fue una proeza en un país cuyo electorado tiende históricamente a una autovaloración ideológica de centro-izquierda.

El declive del bipartidismo, con su fragmentación de fuerzas, ha cristalizado en un rearme de la moderación como respuesta a la efímera pujanza del partido antisistema.

Sucede, sin embargo, que entre PSOE y Cs suman más del 49 por cien, lo que garantiza escaños suficientes para formar Gobierno. Y que Rivera aparece con más proyección de voto que Sánchez -en algunos estudios también con más diputados- y, por tanto, en condiciones de reclamar para sí el liderazgo de un poder nuevo.

Si el tiempo que resta hasta las elecciones no desequilibra demasiado la correlación actual, la interpretación que el partido naranja haga de sus votos le concederá el decisivo privilegio de prolongar el vigente modelo, condicionándolo con su propio programa de reformas, o inclinarse hacia la socialdemocracia para propiciar un vuelco.

Esta posibilidad rompe el automatismo mental del votante del PP que ha decidido migrar a Ciudadanos por cansancio o descontento. Una vez emitido el sufragio, el elector deja de controlarlo y el receptor lo administra como si fuese su dueño.

El imaginario del centro-derecha establece una continuidad natural entre PP y Cs olvidando que éste pesca también en otros caladeros; aunque es del marianismo desencantado de donde proviene su principal crecimiento, en Cataluña ha captado ya a una parte de la clientela socialista y en otros territorios empieza a beneficiarse del mismo efecto.

Si Rivera tiene opción de elegir aliado a su conveniencia estará en su perfecto derecho. El factor de la continuidad o la renovación del PP puede tener importancia crucial al respecto.

Hay muchos elementos en juego, desde la legítima ambición de un candidato hasta la esencia basculante de toda formación de centro. Pero la cuestión primordial desde el punto de vista ideológico tiene que ver con el paradigma de valores sociales, con el proyecto.

Ciudadanos es un partido de identidades mixtas, heterogéneas, y es difícil adivinar cuál de ellas se impondrá llegado el momento. Por ahora la indefinición relativa beneficia su ascenso. Como Thomas Harding y Proust sostenían sobre el fenómeno del enamoramiento, el que causa Cs no obedece tanto a cómo es en realidad cuanto a la idea que los electores se hacen de él y la mirada con que quieren verlo.