Opinión
Apuleyo Soto. PD

La guapa Irene Montero,
portavoza del Coletas,
se ha colado hasta las tetas
en el palabro sobrero.

Si es que le falta cabeza
o es que le sobra el sombrero,
recrimino su torpeza
y la pongo más de un pero.

Me parece una partera
de vocablos duplicados;
ni siquiera su portera
los diera por bien usados.

Artificiosa que es
la dama coleta. Amén.
Después de dar el traspiés
ante la RAE más bien.

¡Oh cráneo privilegiado
para soltar tonterías!
¡Y tener que estar atados
a él toditos los días...!

A la Irene la Montera,
la de la voz portavoza,
me la pongo por montera
en este coso. A otra cosa.

Portavoza maliciosa,
coletuda que no duda,
calentona de la cosa
feminista un tanto cruda...

¿Quién la admite en la Academia?
¿Quién la soporta en su salsa?
Esta maldita pandemia
se extiende como una balsa.

Y nadie le pone coto,
y nadie de ello le culpa,
y nadie le entrega el voto
a esta tamarinda vulpa.

Y con ella va la Lastra
y va la Bibiana Aído
y otras más a las que arrastra
por su fango sin sentido.

Que se acabe la torpeza
de estas niñaca de cuento
y que siente la cabeza
que ha engendrado el descontento

entre hombres y hembras al par.
Porque si sigue la broma
de retorcer el idioma,
¿dónde vamos a parar?

Que ellas solas se lo coman,
que ellas se lo den con queso.
Yo por ellas no atravieso
por más alto que lo entonan.

Mujeres a mí, por Dios,
puesto que ya tuve dos,
sálvenme de estas propuestas
que son tontas manifiestas.

Y ahora vamos a reir
por no llorar, que la vida
a no llorar nos convida.
No tengo más que decir.