Opinión
Santiago López Castillo. PD

Vengo denunciando, para sonrojo de los colegas que se creen independientes, y una leche, el sesgo informativo de determinados medios que pululan en una sola dirección. Le he dado al zapping para ver qué se hacía con un imputado del Partido Popular. Amén de su supuesta condición de chorizo, Granados fue minuciosamente filmado cual estrella del fútbol. Su llegada al juzgado, su subida y bajada del coche, su entrada en la Audiencia, su paseo por las instalaciones hasta ser llamado a declarar, y, como detonante, sus manifestaciones a la salida... ¡Qué espectáculo! Y luego hasta la anochecida.

A todas las horas, incluida la madrugada, el ex militante del PP estaba hasta en la sopa. Y más si ponía verde -y de qué manera- a Esperanza Aguirre, a Ignacio González y a Cristina Cifuentes. La 4ª, la 5ª y la 6ª, mambo. Era, como en tiempos, la moviola pero sin Pedro Ruiz pasada por la lente de aumento de la izquierda, entiéndase el capitalista-comunista Roures. Aquel espectáculo producía sonrojo a cualquier periodista imparcial, si es que queda alguno. Y hasta algún aparentemente medio tildado de "derechas" incluido Carlos Herrera aficionado a echar leña al fuego en pos de la audiencia. Eso se llama -dicen- periodismo. Hasta uno de su programa dio como noticia (sic) que lo más relevante de la comida de Rajoy con sus "barones" fue una falta de ortografía en el menú de una empresa que sirvió en Génova, 13.

¡Bravo el rigor! ¡La cuidada información! ¡El amarillismo! A estos desgarramantas, que tanto criticaba el inolvidable Lázaro Carreter, les das un micrófono y se lo comen con un sonoro eructo. A ninguno se le ocurrió decir que Granados pero verde de entendederas, contradecía su declaración de otra anterior y que no aportaba ninguna prueba. Esto es lo que hay, que diría el clásico, y echo en falta -aunque aparentemente me incluya sin citarme- el periodismo riguroso de la Transición. Con unos políticos que no eran unos petimetres pese a que los podemitas quieran derribar de un coletazo.

Y en cuanto a la transmisión (no retransmisión, borregos, vocablo definidor para las emisoras de radio), quiero aportar al amable lector que sólo en una de las primeras Copa de Europa cuatro cámaras siguieron las jugadas del mejor futbolista del Mundo, Alfredo Estéfano Di Stéfano. Era don Alfredo, compañero Roures. Ariete del marxismo-leninismo imperante.