Opinión
Manuel del Rosal García. PD

Génesis 18:20 a 18:32 Destrucción de Sodoma y Gomorra. Jehová comunica a Abrahán su intención de destruir esas ciudades por los pecados cometidos. Abrahán ruega a Jehová que no lo haga, pues mataría a inocentes. Jehová le promete que si hubiera tan solo diez inocentes no destruiría las ciudades.

Pero Jehová no encontró ni siquiera diez inocentes y: Génesis 19:24 25. Entonces hizo llover azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra Y las destruyó.

Creemos que el mal nace de una fuente sobrenatural, sin percibir que el hombre la lleva dentro de sí siendo capaz por sí mismo de cualquier tipo de maldad.

¿Existen diez inocentes en esta sociedad del siglo XXI? En el supuesto de que Dios bajara a nuestra Tierra y, comprobando el nivel de injusticia y de desigualdad que la asola decidiera destruir tanta maldad, ruindad, mezquindad y vileza; ¿encontraría tan solo diez justos que le hicieran desistir?

La última entrega de la manifestación de la miserable condición humana ha sido enviada desde Barcelona: Un juez investiga el presunto - aquí en España todo es presunto. He oído decir a un presentador de telediario "las presuntas personas" y a una presentadora "los presuntos muertos" - desvío de fondos de la Fundación Roger Torné para la atención a niños pobres y sus familiares. Parece ser que una junta ficticia cambió los porcentajes del capital de la fundación, que pasó de dedicar el 70% de los recursos a las ayudas a los niños y familiares a dedicar tan solo el 10% y el resto (90%) a gastos de personal y explotación. A partir de ese momento y según la denuncia es cuando se detectan los presuntos desvíos de dinero.

La ONG Oxfam está en el punto de mira de la corrupción, no solo monetaria, también moral. Su presidente internacional ha sido detenido en Guatemala por corrupción y miembros de esta ONG de la filial de Inglaterra montaron orgías "dignas de Calígula" en Haití, mientras los cuerpos de los muertos por el terremoto estaban aún calientes. Tanto lo de Barcelona como lo de Haití es absolutamente repugnante y una muestra más de la condición humana.

La corrupción política y no política, la pederastia, el tráfico y explotación de personas, el negocio del crimen organizado, la explotación de hombres, mujeres y niños que trabajan en condiciones de esclavitud, los raptos, las violaciones, las madres que matan a sus hijos, los hijos que matan a sus padres, los millones de personas que todos los días mueren por hambre, por agua contaminada, por enfermedades fácilmente tratables y un largo, larguísimo etcétera que todos los días, a todas las horas aparecen ensartados como longanizas en las noticias de los medios de comunicación. No ya dos ciudades como lo fueron Sodoma y Gomorra, todo nuestro planeta es un muestrario de la maldad, la vileza, la falta de caridad y amor al prójimo; del respeto a sí mismo y hacia los demás. Debemos recordar que Dios destruyó Sodoma y Gomorra, no tanto por las desviaciones en las relaciones sexuales entre sus habitantes, sino por la falta de caridad, de generosidad y de amor hacia los demás, por el egoísmo exacerbado que dominaba a aquellas dos ciudades que han pasado a la historia como el paradigma de la corrupción y la maldad. Cuando uno lee y ve las noticias sobre los refugiados, los inmigrantes que lo han perdido todo, sobre la pobreza extrema de millones de hombres mujeres y niños al tiempo que las fétidas cloacas de los bancos esconde billones de euros y dólares que están parados, ocultos, pudriéndose; que para nada sirven salvo para satisfacer la codicia de esas personas que tienen orgasmos mentales mientras cuentan con las manos sudorosas y los ojos enrojecidos los grasientos billetes, muchos de ellos pringados de sangre humana. Cuando unos despreciables personajillos presuntamente roban el dinero destinado a ayudar a niños y a sus familias necesitados en esa fundación de Cataluña y los directivos de Oxfam pagan sus depravaciones con las aportaciones destinadas a socorrer a los necesitados, uno se pregunta si nuestro mundo ha llegado hasta este siglo XXI de las tecnologías ad nauseam para devenir en unas nuevas Sodoma y Gomorra.

Por sus hechos los conoceréis dice la Biblia. Los hechos de los seres humanos, salvo en casos que se pueden contar con los diez primeros números, están llevando a este mundo a cotas de injusticia, perversidad y desigualdad como jamás las hubo, precisamente en momentos en los que más riqueza se atesora. Es una paradoja ¿verdad? La paradoja que surge de la condición humana. Hoy más perversa que nunca.