Opinión
Víctor Entrialgo de Castro, abogado y escritor. PD

El intersticio es el pequeño espacio que hay entre dos cuerpos o entre dos partes de un mismo cuerpo. Por ejemplo entre Ciudadanos y el Pp, entre Junts pel si y Esquerra Republicana, entre Izquierda Unida y Podemos. Pero también el que hay entre Bruselas y la cárcel de Soto del Real, el espacio en el que los independentistas deberán introducir a alguien que no esté en la cárcel ni lo anden buscando.

El intervalo es el intersticio del tiempo, por ejemplo, el que va del Golpe de estado separatista en Cataluña de Octubre de 2017 hasta hoy, y su cansina continuación por otros medios.

La política en España está llena de huecos e intersticios, de intervalos, tiempos muertos desperdiciados porque aquí nadie se coaliga ni se une para hacer lo que hay que hacer, como en Alemania, ni siquiera como en Italia en que los partidos se ponen de acuerdo para dividirse e impedir al Estado entrar donde no le llaman.

Aquí unas cuantas sectas nos mantienen flotando en el espacio y en el tiempo mientras persiguen una jubilación de oro y colocan a sus ex y en lugar de buscar coaliciones o acuerdos para hacer lo que hay que hacer, se dividen continuamente en grupúsculos para hacerse con el instrumento del Estado y así alcanzar la mayor cuota posible del poder necesario para instrumentalizarlo a su favor.

Grillos militantes imberbes e inexpertos divididos en sectas y cantones que en vez de llenar intersticios en interés general, pelean por el poder de dar subvenciones a los amigos mientras dan de comer a la hydra, al monstruo de mil cabezas, al partido, el instrumento para poder conseguirlo.

Estos intersticios que no se acaban nunca de llenar son los que a los españoles nos sacan de quicio, nuestros agujeros negros. Fuera de la masa, conserve cada uno su individualidad, su criterio, su personalidad, pero llenemos los intersticios, los huecos, los espacios, las distancias, que nos separan de Fuenteovejuna y por una vez y en alguna cosa, Dios mío, vayamos todos a una.

Y si para no seguir flotando en el espacio y en el tiempo, rodeados de intervalos e intersticios, hay que reformar lo esencial de una democracia, su sistema electoral, pongámonos a ello.