Opinión
Santiago López Castillo. PD

No me las voy a dar de augur o de vidente. Mi entorno social, desde que se inició la búsqueda del pequeño Gabriel, me oyó decir que mi intuición me daba mal tufo el padre de la criatura. No voy a decir que el caso estaba cantado. Escribo estas líneas veinticuatro horas después del asesinato del pez alado y hallado en el cielo. Bueno, pues la grey periodística, esa que nutre de babas las tertulias, porque escribir no saben, ya ha alzado la voz debido a que el gentío -en su más noble acepción- ha llamado "asesina" y "negra" a la presunta autora de tan terrible suceso.

Son esos catamañanas, cantatardes y cantanoches que se enfundan el chándal del "progresismo" y critican, con la izquierda, cuyos antecedentes históricos son de sobra conocidos por sus delirantes crímenes, la "prisión permanente renovable" -por no decir cadena perpetua porque hasta en estos trágicos hechos nos la cogemos con papel de fumar y algunos hasta se fuman un puro-. Usamos, amigo lector, el eufemismo para los cortos de mente y hacemos uso del relativismo como tabla de salvación de los exterminios perpetrados a mogollón.

Pena, penita, pena es la palabra que se me ocurre ante tan vil asesinato. Y añado: ¡qué valiente ha debido ser el asesino/a para matar a una criaturita tan angelical! ¡Hijo/a de puta!, en singular o en plural. Cuánto amor, profesionalidad y destreza han exhibido, como siempre (debemos añadir de inmediato), las fuerzas de la Guardia Civil y los rastreadores todos en pos de la inocencia, una vida entera por vivir. Pero no pasa nada. Para eso están en el dique seco los "progres" de espíritu porque de ellos será el reino de los cielos. Incluso Julia Otero, cómo no, la gauche divine en oro y brillantes, ha descendido a los infiernos pero, según ella, para desenterrar a los moradores del Valle de los Caídos y mandarlos a tomar por culo, expresión que se lleva mucho y se ejercita de forma perenne en los canales de Roures a discreción.

Encima, y para más INRI, la "ilustrada" locutora y activista, rompe corazones de algún empresario que no fue Ferrero Rosé, lanza a las cuatro ondas la absolución de unos delincuentes por quemar los retratos del Rey y a su puta madre. Bravo, progres de mierda.

Es la libertad de expresión, señores.


PD.- Felicito, asimismo, a los tertulianos de pacotilla que, no contentos con saber de todo, y de nada, se están revelando como sesudos médicos-forense. Ah, y no llamar animales a los criminales porque si matan es en pos de la supervivencia.