Opinión
Santiago López Castillo. PD

Ahora que todo el mundo opina, que sacan en andas un partido político como cuando antes todos eran seleccionadores de fútbol, usted se toma el atrevimiento de opinar sobre el destino de la denostada Cristina Cifuentes que si la echan a la hoguera sentiría un reconfortante alivio, tal que la mismísima Juana de Arco (del triunfo). Están los politólogos jugando al destino, poniendo de chupa dómine al jefe supremo del PP -es decir, como siempre- haciendo mofas y befas de "M. punto. Rajoy " como le llaman ahora los irreverentes del presidente del Gobierno sobre el que cuelgan, cual festividad de los Inocentes, apelativos, adjetivos calificativos y otras fiestas de guardar con este tenor: don Tancredo, la hoja caduca del calendario, el vago de Hoz, etc.

A Cristina Cifuentes, que no es santa de mi devoción, la dejaría consumirse en la hoguera de la moción de censura de Madrid para, así, poner en evidencia a una clase corrupta de la izquierda que ve la paja en ojo ajeno pero no la viga en la propia. Son, principalmente, los radicales -incluido el falsificador de su doctorado Sánchez, empleado de El Corte Inglés- más Franco, ese hombre, el socialista que solo sabía contar con los dedos y se erigía en profesor de Matemáticas o Ciencias Exactas. ¿En qué quedamos, lenguaraces acusadores? Hasta llegar a la bazofia que nació en las escombreras de la Puerta del Sol. Pero no se pierdan a la indigente cultural de Ada Colau, analfabeta cum laude que llama facha al almirante Cervera y estuvo peleando en la Guerra de Cuba (1898) sin que el rojerío hubiera distribuido aun las etiquetas de fascistas.

Esta tal vez alocada proposición que arrojo al estanque sin apenas agua podría resultar desconcertante para los inquisidores de la presidenta de Madrid: dejarla consumir como una pira para vergüenza del Niño de la Bola o el docto Sánchez, doctor en doctorados falsos, elaborados por el ministerio de Miguel Sebastián durante la inaptitud de Rodríguez Zapatero, el creador de la memoria histórica y quinto de Alemania, Cataluña inclusive. Esa estrategia, a mi juicio, podría servir de boomerang para esa izquierda radical y zote porque el electorado que se iba del PP para recalar en Ciudadanos se da cuenta de lo fariseo que es Albert Rivera, un pringado que, según me informan, se está dejando querer por algunos poderes fácticos. Él, que es espíritu puro; todo honor y toda gloria. Vamos, el Niño de la Bola.

Errejón y Monederos, los rufianes a pie de página, se siguen cagando en nuestros muertos. Queda poco espacio para los españoles decentes. Aunque siempre hay hueco
para que un hijo de Satanás tenga una calle en Barcelona, el que no paró de cagarse en la puta España. Se llama Pepe Rubianes, un genio del arte escénico.