Opinión
Cataluña, España, independencia e independentismo. PO


Este país ha perdido el juicio. Esa es la conclusión a la que habrán llegado muchos ciudadanos del mismo, a no ser, y no me extrañaría ni les culparía, que por estar tan hartos, se tomen todo como una coña marinera y solo se preocupen de vivir mientras el cuerpo aguante.

Hace tiempo aparecieron las primeras noticias que se han repetido y confirmado estos días. En una parte de ese Edén que serán los Països catalans, se va a exigir determinado nivel de conocimiento del catalán, certificado claro está, para ejercer la medicina en los centros públicos. Lógicamente varios profesionales se han ido a otros lugares y otros han anunciado que lo harán; algunos son especialistas difíciles de sustituir. ¿A quién le cabe en la cabeza que en esa profesión o en otra, el conocimiento del idioma local sea más valorado que varios años de experiencia?
Tendremos que renunciar a ir de vacaciones a las Baleares, pues si enfermamos, nos darán las explicaciones en catalán, con lo que no nos enteraremos de nada. Pobres turistas, fuente de riqueza de las islas.

Lo único que conseguirán será que en Baleares se queden mayoritariamente los mediocres que sepan catalán, pero tranquilos, seguro que con el idioma suplirán su falta de conocimientos y experiencia.

Hace un par de años coincidí en una reunión con un fanático defensor de la imposición del uso del gallego. Le planteé: tuviste un problema y te juegas diez años de cárcel; puedes elegir para defenderte entre un abogado con el que tienes un ochenta por cien de probabilidades de quedar libre, pero que habla y trabaja en castellano, y otro con el que la posibilidad de librar se reduce al cuarenta por cien, pero emplea en todo el gallego. ¿Á cuál contratas? La respuesta fue grotesca: "eso que planteas es un caso rebuscado" Claro, algo hay que decir.

Conste que soy gallego, hablo el idioma y estoy orgulloso de ser discípulo de uno de los más eminentes galleguistas, de amplia y reconocida cultura.

Nada es ya de extrañar en nuestra España, donde el Presidente del Senado aguantó el numerito que montó en su juramento, un senador independentista catalán, originario del Indostán, que al final no se supo lo que dijo. Hace unos días el mismo tragó hasta con cinco pretensiones de juramento, que solo se podrían calificar de grotesca carnavalada, de otra independentista catalana, que al final la verdad es que se salió con la suya, pues soltó su perorata política antiespañola. Eso sí, la repitió en castellano. ¡Inconcebible! ¿En qué otro país se toleraría eso?

El biministro, de Educación y Portavoz, según el cual los problemas en la enseñanza catalana son solo puntuales, aunque raro es el día que no nos enteramos de uno, y el Delegado del Gobierno admite que hay quinientos profesores investigados por incitación al odio, y que los registrados son ciento treinta y cuatro, no tuvo tiempo para que en los boletines de preinscripción para el próximo curso se pudiese optar por el castellano. Sin embargo afirma que el Gobierno ha actuado con seriedad, responsabilidad y madurez. ¡Menos mal! Que se lo cuente a los que no pueden estudiar en castellano.

La secretaria de Estado de Comunicación, comenta sobre los pensionistas: "que ganas tengo de darles un corte de mangas de cojones y decirles, pues os jodéis". Si bien con posterioridad pidió disculpas, estas serían aceptables en plano personal, nunca en plano político, peo ahí sigue, ni dimitió ni la han cesado. Un alto cargo político (en este caso y por doble razón, una alta carga política), se permite hacer comentarios groseros y ofensivos para un sector de la sociedad, y al que no le guste que se aguante. No pasa nada.

Estos son ejemplos de la España que tenemos, un país de locos, donde cualquier sinsentido, barbaridad o ridiculez, es lo habitual.