Opinión
Manuel del Rosal García. PD

"Que felices seremos los dos/ Y que dulces los besos serán/ Pasaremos la noche en la Luna/ Viviendo en mi casita de papel"

Estos versos de la canción "Mi casita de papel" se hicieron famosos en los años 40. Hoy se ha hecho famosa la Dacha - no precisamente de papel - valorada en 600.000 euros que Pablo Manuel Iglesias Turrión y su mujer Irene Montero se han comprado en una urbanización, en un momento de debilidad liberal y capitalista que les ha cogido desprevenidos. Estos neocomunistas más falsos que un billete de madera, en cuanto son tocados por los privilegios de esa casta tan denostada por ellos, no pueden resistirse a formar parte de ella. El discreto encanto de la burguesía se apodera de ellos y, olvidando todo lo que dijeron: "Quienes viven en chalet de urbanizaciones de lujo se aíslan de la sociedad" "son la casta pestilente que no utiliza el transporte público", entre otras lindezas demagógicas y falsarias imitan a Luis de Guindos al que llamaron de todo menos bonito por comprarse un ático valorado - que curioso - en 600.000 euros y se compran algo semejante a una Dacha rusa para así imitar a los capitostes comunistas de la URSS que, mientras el pueblo vivía como podía, ellos lo hacían como asquerosos potentados del capitalismo. Los genes pueden ocultarse durante un tiempo, pero llegado el momento e inevitablemente, aparecen. Pablo Iglesias e Irene Montero, llegado el momento en que las promesas hechas a sus inocentes votantes que creyeron en ellos, les molestan genéticamente; como serpientes a las que le llegó la hora de la muda de piel, mudan su hipócrita piel de comunistas, progresistas y solidarios por su verdadera piel: la de falsarios que, aprovechando el sitio en el que sus inocentes votantes los han colocado con sus votos, ya y sin disimulo muestran lo que buscaban con sus demagógicas, fulleras y malandrinas promesas: situarse entre esa casta a la que tanto vilipendiaron con el único objetivo de desplazarla para ellos ocupar su lugar. La falta de honestidad de la que están dando muestras es de tal calibre, que uno no puede menos que preguntarse si todavía hay alguien que pueda creer en estos mohatreros camaleónicos que ocultan su verdadera condición bajo la capa hedionda de la hipocresía. El cambiazo de Pablo Iglesias e Irene Montero les debería hacer reflexionar si no deberían afiliarse al PP, ese demoniaco partido según ellos formado por "la casta" corrupta. A fin y al cabo ellos ya viven en la misma acera.

Que sean felices Pablo e Irene en su casita de papel, si es que la felicidad puede maridarse con el carnaval falsario que viven quienes lo hacen asentados en la falacia, la mentira, la hipocresía y el desprecio a quienes creyeron en ellos.