Opinión
Manuel del Rosal García. PD

"El que sabe lo que tiene que hacer, lo hace; el que no lo sabe, lo cuenta"

Dímelo hilando, buena hilandera es una paremia que viene a decir: no me engañes con palabrería y haz lo que debes hacer.

Pedro Sánchez ha enviado una carta a sus ministros. Por motivos de marketing y publicidad, característica manera de hacer política del PSOE, la carta ha llegado también a todos los españoles ¡que cosas! Su contenido es como para esperar que este nuevo gobierno nos ofrezca "una esperanza real de futuro"; lo que no sabemos es que clase de futuro. La palabra diálogo está muy presente y la palabra igualdad también. En general la carta suena bien y está repleta de buenas intenciones expresadas en palabras, pero las palabras se las lleva el viento y el papel es muy sufrido cuando sobre él se escribe. Y todos conocemos la frase "el infierno está lleno de buenas intenciones" cuyo significado nos dice que de nada sirven los buenos propósitos si no van acompañados de las obras.

La carta habla de igualdad, cosa que no casa con la desigualdad entre el número de ministras y ministros. Ahora bien, puede que el PSOE entienda por igualdad discriminar al otro. Por ahí no igualamos, discriminamos. ¿Y el diálogo? Madre mía, la palabra diálogo es la palabra más manoseada por todos los gobiernos que han sido en la España democrática. En la carta se insiste en el diálogo, pero dialogar, lo que se llama dialogar es muy difícil cuando uno de los dialogantes te pone un kalashnikov sobre la mesa de diálogo, o cuando las palabras o tesis usadas conducen al diálogo para besugos de aquella famosa revista DDT, cuyo autor Armando Matías Guiu definía así el diálogo político: "En el diálogo político nadie dice lo que piensa; algunos no dicen lo que piensan, otros no piensan lo que dicen; aquellos dicen y no piensan, los otros piensan y no dicen; estos, nadie sabe lo que piensan; de los de más allá uno piensa que piensan, pero ellos no piensan que uno piensa". Lo que no puede ser es que, tras el "diálogo" con quien sea o quienes sean, se nos venda por parte del gobierno la imposición del otro como un acuerdo de diálogo.

En la entrega de las carteras ministeriales observé que todas ellas estaban vacías, como vacía estará la carta si no se traducen sus palabras en hechos. Para ello es necesario que cada ministra y ministro - ahora hay que decirlo así - llene su cartera de hechos y no de palabras, que las lleven repletas de cosas concretas a las reuniones de ministras y ministros, concretas y orientadas al bien general y no a sus intereses o a los del partido gobernante o a los del partido al que se han tenido que someter mediante "diálogo".

"DÍMELO HILANDO...PSOE