Opinión
Vaquería

Alguien dijo: "Prefiero a un electricista, un albañil, un carpintero etc. antes que a un intelectual. El intelectual no resuelve problemas"

Umberto Eco decía que "Los intelectuales no resuelvan las crisis, más bien las crean" Y Henry Kissinger añadía: "Los intelectuales son cínicos e incapaces de construir un puente, no digamos una catedral" Raoul Vergez, en su obra "Los yunques de cristal" dice "... no entenderé jamás por qué un abogado, un profesor, aparecen a los ojos de todos como más prestigiosos que un agricultor o un jornalero". "Por qué, pues, la inteligencia de un charlatán diplomado o licenciado se aprecia de forma superior a las realizaciones prácticas y penosas de un mecánico o un yesero. ¿Quién podría probar que un relojero hace servir menos su cerebro que un notario o un músico? ¿Qué es más difícil, pronunciar un discurso en la tribuna del Parlamento o arreglar el portal de Notre-Dame? Y estos ejemplos se refieren a los intelectuales honestos. ¿Qué podríamos decir de los intelectuales estabulados en los pesebres del poder donde hocican como cerdos en los pútridos alimentos monetarios, de prebendas y sinecuras que el poderoso les sirve?

Todo el mundo sabe que hay dos formas de criar ganado. En establo, donde los animales se limitan a comer y engordar de los piensos que el ganadero les va poniendo en los pesebres. En pastoreo, donde en cambio, el ganadero da libertad al ganado para buscar los pastos. Los estabulados han perdido su libertad por tener garantizado el plato de pienso, los de pastoreo tiene que buscarse la vida, pero a cambio tienen libertad. Entre los intelectuales pasa lo mismo; los hay estabulados en el pesebre del poderoso o poderosos que, a cambio de su servilismo, les llena todos los días el pesebre. Los hay libres como lobos esteparios que, por nada del mundo renuncian a su libertad, esa libertad al servicio de la verdad, aunque paguen un precio muy alto por ser libres y decir verdades. Los intelectuales estabulados a cambio de un pesebre garantizado, sus plumas y sus palabras deben destilar todo el veneno de la mentira, la infamia, la calumnia, la manipulación desde una ruindad y una mezquindad moral sin medida.

Periodistas, escritores, tertulianos, analistas, presentadores de espacios televisivos y un largo etc. hocican en el pesebre de su amo, atragantándose de pienso a cambio de su entrega total a las directrices que ese amo les impone. Sus escritos, comentarios y noticias son puro veneno informativo, un puro tóxico más peligroso que el mayor tóxico químico, opiáceo o de diseño. Se debería de analizar la toxicidad de esos intelectuales al servicio de partidos políticos, gobiernos y empresas; estoy seguro de que, si se pudiera realizar un análisis de sangre en el que se detectara como ese tóxico penetra en el cerebro, nos quedaríamos asombrados de la catástrofe mental a la que conducen a hombres, mujeres y jóvenes. Los niveles de ese tóxico que penetra en la sangre y en el cerebro a través de las palabras y escritos pervertidos, serían, estoy seguro, inimaginablemente altos.

Los intelectuales estabulados están y han estado siempre, lo que pasa es que en algunos momentos de la historia de los pueblos se hacen mucho más presentes. El momento que vive España ha hecho aflorar a todos esos intelectuales que todos los días nos hacen desayunar con el veneno informativo de su palabra hablada y escrita.