Llegada del hombre a la Luna narrada por Jesús Hermida en TVE - 20 de julio de 1969

La ventana discreta

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Hermida o la caricatura de si mismo

Santiago López Castillo, 06 de mayo de 2015 a las 20:06

Vaya por delante que mi deseo es que Dios le tenga en su gloria. Más que una rogatoria es una expresión cortés para el obituario social.

Aunque, para ser sinceros, Hermida dejaba mucho que desear. Tanto él como yo trabajamos porrón de años en la Casa. Cada uno por su lado. En nuestros respectivos programas.

No tuvimos apenas contacto pese a estar ambos en los Informativos de RTVE. Engreído, pedante, fantoche, ególatra...

Nuestro acercamiento -y que se me entienda bien- fue cuestión de piel, quiero decir cuando coincidíamos en la sala de maquillaje.

Era cuando él dirigía y presentaba "La Mañana" y servidor dirigía y presentaba "La Tarde".

Personaje proclive al bufoneo, preguntaba a las marujonas matinales si querían que él, el dios de la Tele, la hostia, presentara, además, "La Tarde", en un plebiscito contra mí, un gesto de mal compañero y eso que mis audiencias superaban a las suyas. Posiblemente por el horario, a las tres y media de la tarde después del telediario.

Él aglutinó -tiene mérito- a las Terelus, madre e hija. Dos chachas o domésticas lenguaraces cuyos orígenes eran Radio Cadena Española de Málaga, FET y de las JONS. Enseguida se hicieron "progres".

Las trajo el "manquito", director de aquella emisora malagueña, gracias a los auspicios de Francisco Villodres portavoz de UCD en el Senado.

En cierta ocasión, el presentador del flequillo me invitó a su programa y me hizo una pregunta de un soberbio indocumentado a la que respondí con un corte de manga y mitad de cuarto. Verbal, se entiende.

Después, cuando me vine a la sierra madrileña, alguien me comentó que por aquí había vivido el ser más vanidoso que conocí en TVE.

Pero que ya se había ido. Menos mal. Porque de seguir en una urbanización próxima a la mía, servidor hubiera tomado las de Villadiego.

En contraste -en su etapa de corresponsal en EE.UU-, Cirilo Rodríguez era el periodista serio, cabal, riguroso y nada histriónico y excelente compañero. Pero no llegó a la Luna, estaba en la Tierra.



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