Ana Botella RELAXING CUP OF CAFE CON LECHE -

Análisis / Tras el fracaso de Madrid 2020

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¿Fue la portada gafe de Pedrojota la culpable de que Madrid quedara eliminada como dice la agencia DPA?

La prensa afín a La Moncloa busca todo tipo de culpables para justificar un fracaso previsible

Luis Balcarce / Antonio José Chinchetru, 09 de septiembre de 2013 a las 13:30

El COI nos ha dado un sopapo de realidad. No estamos para fiestas. Fuimos de sobrados y bajaron los humos a la primera. Cuando Alejandro Blanco, presidente del Comité Olímpico Español, dijo eso de que "Dios iba con Madrid 2020" supimos que ya estábamos vendidos. Ahora resulta que para la prensa norcoreana de Moncloa hubo tongo y que el COI nos ha traicionado por no creerse de puntillas la portada de El Mundo en la que decía que teníamos 50 votos asegurados. ¿Pero es que somos tan tontos de no saber a lo que íbamos tras presentarnos a tres candidaturas seguidas?

Encima de cornudos, apaleados. La agencia DPA señala, en un teletipo reproducido por el argentino La Nación, que al presidente del COI, Jacques Rogge, le sentó muy mal la citada portada --La decepción de Madrid y las razones de la sorpresiva derrota olímpica--. Según lo publicado, antes de la votación Rogge había llamado a Juan Antonio Samaranch (hijo) y le había espetado: "Juan, ¿qué es ese artículo?"

Samaranch respondió que la candidatura madrileña no tenía nada que ver con la filtración. A pesar de ello, en El Economista --La portada de 'El Mundo' que indignó al COI y acabó con las opciones de Madrid 2020-- y otros medios se ha culpado a la ya celebre primera plana de El Mundo de acabar con las opciones olímpicas de la capital de España. Es solo una de las muchas teorías que se han lanzado para explicar una derrota difícil de asimilar tras el triunfalismo previo.

Otro aspirante a malo oficial es el kuwatí Ahmad Al-Fadah Al-Sabah. Este personaje con nombre de difícil pronunciación ha sido señalado por el diario de Pedrojota Ramírez como el mano que meció la cuna del COI convenciendo a sus miembros de que votaran por Tokio --Petróleo por votos en el COI--. En la información de El Mundo se destaca que el presunto comprador de voluntades, ex viceprimer ministro de su país, está acusado de corrupción.

Otra teoría que se ha podido leer y escuchar es la del complot francés. El vecino del norte de los Pirineos, como Gran Bretaña, funciona muy bien en España como supuesto malvado que está detrás de cualquier mal que se sufra. Desde el domingo 8 de septiembre de 2013 son varios los que han escrito o dicho en diversos medios de comunicación que Francia se movió entre bambalinas para favorecer a la capital japonesa. El motivo sería que París quiere postularse a celebrar los juegos de 2024, algo imposible si Madrid se hacía cargo de los de cuatro años antes.

Todo parece valer para no reconocer que se vendió la piel del oso antes de cazarlo y que se trataba de una pieza muy difícil de cobrarse. Fuera de España la favorita era Tokio. Su potencia económica, su sobrada capacidad de superación que le permite reponerse del Tsunami, y su identificación con la modernidad más absoluta a través de su liderazgo en las nuevas tecnologías eran las grandes bazas a su favor. Que pueda haber otros factores, nadie lo niega. Pero si hay mercadeo de favores e interesen en el COI, es algo que se sabía antes del fatídico sábado 7 de septiembre.

La presentación de la candidatura madrileña en Buenos Aires fue excelente, no se puede negar. Pero también tuvo sus puntos débiles. Los discursos del Príncipe de Asturias y Pau Gasol fueron magníficos, racionales al tiempo que llegaban al corazón. Los vídeos, de similar calidad. Ignacio González jugó un buen papel, pero sin destacar. Y ahí acaba la cosa. Rajoy tuvo una intervención gris, que casi parecía más destinada a un consumo interno español que a otra cosa. Con el añadido de que, al no poder ofrecerlo en inglés, se mostró como la antítesis del cosmopolitismo que supuestamente debe acompañar a unos juegos olímpicos.

Y qué decir de Ana Botella. Las formas fueron tristes. Tiene mérito que se lanzara a hablar en inglés, pero quedó mal. No hay nada que reprochar a su pésimo acento --el del primer ministro japonés no era mejor-- pero resultó triste el ya célebre 'relaxing coffee con leche'. Pero peor aún fue la sobreactuación, propia de un mal actor. Está bien que quisiera transmitir fuerza y emociones, pero los giros de cabeza y los cambios de entonación resultaban falsos de tan acentuados que eran. El contenido no fue mejor. Fue un huir de la realidad, una carrera de fondo hacia la nada, un ensueño alejado de la situación española.

Las previsiones realistas no fallaron. Tokio se adaptaba mejor a los usos y los gustos del COI un triunfó. Pero para muchos españoles (incluyendo políticos y periodistas) esa es una realidad difícil de aceptar y hay que culpar a otros del propio fracaso. Ahora, hasta hay quien recrimina a los argentinos que no apoyaran a Madrid, cuando sí lo hicieron.

 



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