Opinión
Daniel Rivallo Pena

Algo que pende, está colgado o pendiente, pero también puede inclinarse o sufrir declive. Una subida, un repecho pronunciado e incluso una colina son caminos en pen-diente. Aquello que mantiene la expectativa sobre una resolución o genera cierta ten-sión sobre lo que hallándose suspendido no ha logrado todavía un desenlace es también un asunto o cuestión que está pendiente como irresolución o caso abierto.

¿Hacia dónde camina el periodismo deportivo de nuestro país? ¿ Es realmente su historia la de un olvido inducido? ¿Una deforestación progresiva del tecnicismo en be-neficio de un grito? ¿ O el desvío de esta tendencia hacia la impostación de una vulga-ridad que se pretende cotidiana es exclusivo de las retransmisiones y las informaciones relacionadas con los partidos de fútbol? ¿Décadas de estudios sociológicos e interdisci-plinarios y brillantes crónicas deportivas han sido obligados a perder su propia memoria y pintarse los labios de rouge?

Un cronista (cronographus) es literalmente aquel que escribe el tiempo. Desde la an-tigüedad las crónicas han hecho referencia a la sucesión temporal de los relatos que con-taban los antiguos atravesados por un claro hilo argumental y siguiendo un manifiesto orden de tiempo.

El kronos era también el conjunto de tiempo que se dedicaba a la narración de una historia en la que podían introducirse elementos argumentativos y valoraciones de ca-rácter personal ,que constituían junto con el mismo relato un todo unitario. La crónica, en consecuencia, ha de mirar al pasado para reflejar lo acaecido entre la horquilla de dos puntos temporales alejados.

Admite la interpretación del hecho que se narra, aunque éste ha de ser de suyo ri-gurosamente objetivo. En el momento en que no se somete a su verdadero núcleo co-municativo se desvirtúa el contenido deformándolo en simple complemento y mero añadido puntual. La valoración pasa de ser una opinión "sobre" , a opinión a "secas", con un marcado acento extra narrativo y sin el poso de la secuencia cronológica.

La crónica deportiva o tiempo dedicado al seguimiento y narración de una compe-tición relacionada con el deporte es en la actualidad y especialmente en el fútbol, un gri-to aislado alejado de cualquier coordenada espacio-temporal.

Totalmente amputada de las esquirlas de tiempo que dan sentido al hecho narrati-vo conectando datos informativos con imágenes y metodologías estadísticas y cerrando el relato de forma conclusiva, OBLIGADA a bascular sobre frases infantiles, lugares de descanso anecdóticos, horas de sueño, bebidas preferidas, programas favoritos, dedos dúctiles para extraer casi en prospección el moco iconoclasta alojado en el amarradero de una aleta de nariz, IMPELIDA a hacer nacer y morir el día en la misma anécdota irrelevante y aséptica, purgada de nervio narrativo la nueva crónica ,vaciada ya de tiempo e hilo argumental ,inducida a olvidar lo que fue, aparece bajo la dictadura uni-direccional de la opinión y el cotilleo vulgar.

El pretendido lenguaje coloquial- parloteo de vago poco aplicado- es según los nuevos popes del periodismo deportivo, un intento de allanar y hacer más comprensible al resto de público un lenguaje técnico propio que puede llegar a ser incomprensible pa-ra los no iniciados. El problema se daría también en todas las disciplinas deportivas, aunque es evidente que en la jerga futbolística es donde se encuentra en mayor medida este encanallamiento intelectual.

El verdadero riesgo ante la pérdida de una "voz deportiva propia " , no se da tanto en la introducción de anglicismos o en la utilización de conceptos técnicos como en la indigencia de expresiones donde el tecnicismo es sustituido la mayoría de veces por un lenguaje belicista y agónico- otro de los contrabandos que amenazan el lenguaje depor-tivo- que busca enfrentar dos posturas antagónicas.

En periodos de crisis políticas; dos economías, dos ciudades, dos idiomas, en oscila-ciones y variaciones climatológicas; dos sistemas, dos fisonomías, dos capacidades de re-sistencia, en ciertos momentos de crisis de patentes; dos patrocinadores, dos marcas de-portivas, dos continentes. En la mayoría de los casos el nivel del locutor es tan precario, que se limita a desflorar anécdotas personales ante millones de oídos rampantes.

No pretendo la existencia de un lenguaje puro del deporte. La introducción de otras disciplinas de forma subrepticia y sin apenas ser conscientes de ello obligan al mes-tizaje haciendo inviable esa vía ,pero una cosa es que no exista una ciencia pura y otra bien distinta es que ya no exista ciencia alguna. Se ha pasado de hablar deporte y ha-blar sobre deporte, a simplemente charlar sobre la base de generalidades vacías.

Nadie pone hoy en duda que un partido de fútbol se haya convertido en todo un espectáculo, aunque sólo sea por los millones de ojos que observan cómo veintidós va-riables de carne y hueso se deslizan sobre un tablero de césped natural.

En sus orígenes el espectáculo (spectare) era un contemplar minucioso y un ver de-talladamente donde el ojo casi iba al encuentro del objeto que era aprehendido con un golpe de vista directo. En la misma medida, el espectáculo es también a la vez una for-ma de retener o poner en suspenso (tenere) nuestra atención durante un intervalo de tiempo determinado (inter)

Un partido de fútbol es un espectáculo, porque se mira y observa casi con fervor li-túrgico y al mismo tiempo constituye un entretenimiento al retener y dejar suspendida nuestra atención durante un lapso de tiempo concreto: el período que va desde el inicio en el que rueda por vez primera el balón, hasta el pitido final que hace concluir el en-cuentro.

Contrariamente a lo que pueda pensarse en primera instancia es significativo que en la retransmisión de un partido de fútbol a través de una pantalla de televisión ,sean las imágenes lo último que veamos y el balbuceo de voces inconexas y entrecortadas lo primero que nos llega, algo así como un relato sin trama o una sinfonía sin movimien-tos. La voz del "locutor múltiple" irrumpe como grito atávico introduciéndose como es-pectáculo a través del órgano auditivo y no mediante la captación de la imagen en la retina.

Las imágenes, por el contrario , adquieren el estatuto de música incidental que acompaña a un contenido- lo que deberían ser ellas mismas- formado ahora por una masa compacta de ladridos. Llegados a este punto, da la sensación que asistimos a la misma proyección coral de voces codificadas que seguirán siendo iguales a pesar de que varíen las imágenes, que han sido arrojadas a una cuneta olvidada.
Voces que son ya gritos sin sutura yuxtapuestos a una coreografía de isquiotibiales que danzan sobre una cuartilla verde de 105x68 metros.

La radio, en cambio, intenta conseguir con su función de vicario lo que la televi-sión no puede lograr: el milagro de las cinestesias -que tienen lugar en el aquí y ahora como presencia del espectador en el mismo estadio- mediante la creación de simula-cros: anuncios que evocan aromas, destilan esencias , provocan sensaciones táctiles, se-creciones salivales e imágenes retinianas. Pese a todo ello, la circulación desordenada de sensaciones inducidas impide que nuestra atención se detenga en aquello que debería ser el contenido nuclear: el encuentro deportivo.


Si antes se buscaba el impacto con frases brillantes y apodos ingeniosos, hoy conti-núa y finaliza la labor de drenaje de todo contenido técnico en relación a las temáticas propias de cada deporte, en especial el fútbol.

El Seppuku o Harakiri era considerado un suicidio ritual japonés -para alcanzar una muerte con honor antes que caer en las manos de un potencial enemigo - en el que, se-gún la descripción del profesor Vallejo- Nájera, mediante una daga corta o puñal ( tanto) envuelta su hoja en una tela para poder agarrarse y no cortarse, empleando únicamente la mano derecha con la palma en supinación, mientras la mano izquierda está apoyada en el abdomen para hacer masaje y desplazar piel y vísceras hacia la derecha se atrave-saba el abdomen de forma transversal realizando un corte de izquierda a derecha.

Al mismo tiempo que se da un " Seppuku ritual de la víscera " por así decirlo, existe también otro "Seppuku de la palabra " o " Harakiri del lenguaje deportivo" , que no es menos gráfico y atroz que el anterior por no ver intestinos desparramados y humeantes y que se practica sobre la riqueza de los conceptos técnicos con el fin de eviscerar y arrojar al otro lado la entraña viva y caliente de la palabra, para sustituirla por el em-plasto frío y la estructura vacía de la opinión vulgar.

El lees is more ( menos es más) relacionado con las concepciones artísticas de econo-mía de medios expresivos, para contar mucho con pocas palabras o la deflación en las técnicas de expresión creativas relacionadas con las diferentes artes ,en las que se pre-tende ofrecer una mayor carga de información con el menor aparato logístico posi-ble,ha devenido en el periodismo deportivo relacionado con el fútbol ,en un less is nothing ( menos es nada) ,en el que diciendo bien poco se busca intencionadamente no decir nada relevante, al tiempo que queda patente la imposibilidad de ilustrar con brochazos explicativos las imágenes deportivas ,debido a una carencia absoluta de argumentación lógica.

Las retransmisiones de los partidos de fútbol televisivos se desarrollan como una película muda , pero sin el auxilio del intertítulo diegético que narraba la sucesión de las imágenes. La voz del "locutor "pierde la narratividad en el momento en que se pro-duce una disociación entre lo que cuenta y la imagen que vemos en la pantalla. La ex-plicación del tecnicismo o lance de juego se sustituye por la opinión extra deportiva , el vacío de todo contenido es inversamente proporcional a la inflación de un lenguaje so-mático y visceral. El partido ya no se narra, una polifonía de voces cuelga en racimos de opiniones y anuncios subliminales como publicidades encubiertas, un espectáculo de distracción total donde aquellos elementos ajenos a la propia representación entran a formar parte del sistema linfático deportivo.

El nuevo periodismo dedicado al fútbol es la historia de un tránsito: del locutor que habla y comunica, al ladrador que profiere alaridos, de la narración como relato para hacer a uno conocedor de una historia ,a la situación como emplazamiento. El locutor es arrojado a un lugar, se le emplaza concretamente en una cabina de retransmisión, que es en la mayoría de los casos una caja acústica que percute gritos y patadas cinéti-cas de rabia contenida y se le sitúa en un contexto, que encuadra como marco el apa-rente aunque ya desaparecido contenido narrativo.

La nueva situación casi de carácter Cristológico-Trinitario es la siguiente:
1) El falso narrador antes locutor y ahora convertido en nuevo tendero ladrador que anuncia las bondades de mercancías que no le pertenecen.
2) El " opinador profesionalizado" ( opinator) normalmente encarnado en la figura de un antiguo entrenador trasnochado y bilioso ,que cree seguir trazando diagramas sobre pizarras invisibles.
3) El periodista-técnico- estadístico-especializado, reemplazado la mayoría de ve-ces por el ex-jugador profesional taciturno y bronceado de piel canela.

En sus inicios, la voz italiana dilettante hacía referencia a aquel individuo que era aficionado - al no disponer de capacitación para dedicarse profesionalmente- a una o varias artes, en concreto la música. El diletante era, en consecuencia, el que se deleitaba de forma primal o experimentaba placer cultivando una disciplina del saber de forma pre científica.
Con el paso del tiempo e introducido ya en nuestra lengua, el término comienza a cobrar un sentido peyorativo y en adelante designará solamente a aquellos que se in-teresan por algo de manera superficial.

El diletantismo en el periodismo deportivo ha convertido en normal lo que debería provocar una extrañeza insultante. El "no profesional " , aunque vinculado de forma indirecta al oficio ,acaba dejando en la cuneta al especialista que ha ido formándose progresivamente en la adquisición de un lenguaje y una jerga propios de la disciplina de estudio. En el deporte rey mayoritariamente," haber sido" , es la mejor amortización para" ser".

Conceptos como : '' retardación de repliegue y temporización'' , ''marcación indivi-dual o zonal'' , ''coberturas'', ''relevos'' , ''permutas'', ''doblajes'', ''cambio de orienta-ción de amplitud o de profundidad '' , '' desmarcación de apoyo o de ruptura '' , '' cam-bios de ritmo y dirección '' , ''paredes'', ''espacios libres '' , ''desdoblamientos'' , ''ataque por posiciones'' , ''contraataque '' , ''ritmo de juego '' (....) han dado lugar a expresiones del tipo: ''se inflan de correr '' , ''este equipo tiene buenos chutadores '', '' los partidos se pueden ganar o perder o también empatar'' , '' chutazo que se va al gallinero '', ''me pregunto cuántos litros de agua debe beber este jugador '' , ''se nota que el equipo ha hecho los deberes '' , ''el pase ha ido rápido, han regado el césped ''(...).

Algunos de nuestros ladradores institucionalizados y ya profesionales especialistas en opinión, deberían tener la generosidad de poner en práctica la llamada navaja de Ockham en su propio lenguaje y no ejercer una plurivocalización de sonidos huecos y sin aristas evitando en todo lo posible la progresiva erosión que padece nuestra lengua, que es en última instancia nuestro refugio más íntimo.

Lo que no está inclinado o en pendiente es planus, aquello que se extiende en un te-rreno como llanura, pero también lo que es de una extrema llaneza, algo sencillo donde no se dan demasiadas complicaciones.
La historia del periodismo deportivo orientado al fútbol es la consumación de un allanamiento: de la transformación de un repecho en recodo, de la conversión de un camino inclinado y costoso en terreno llano.