Opinión
Empresario, autónomo, clase media e impuestos. MH

LA fuerte recuperación que ha experimentado la economía española en los últimos años, hasta el punto de liderar el crecimiento de los grandes países de la UE, es la mejor prueba de que la senda de reformas y ajustes aplicada durante la pasada legislatura es la receta correcta para salir de la crisis.

El país crece hoy a un ritmo superior al 3% interanual y crea unos 500.000 empleos al año, de modo que lo peor de la tormenta ha quedado atrás, pero ello no significa que el enfermo ya esté curado.

España todavía tiene que solventar importantes retos para superar la crisis de forma definitiva, ya que existen ciertos desequilibrios que es necesario corregir mediante la aprobación de nuevas reformas estructurales para evitar que se cronifiquen.

En materia presupuestaria, destaca la delicada situación financiera que sufren las pensiones públicas.

El Gobierno ha tenido que disponer esta semana de otros 9.500 millones de euros del Fondo de Reserva de la Seguridad Social para abonar la extra de Navidad a los jubilados, dejando así esta hucha con poco más de 15.900 millones. Al déficit de las pensiones se suma la acumulación de una elevada deuda pública, próxima al cien por cien del PIB.

Este nivel de endeudamiento no solo supone una pesada carga a los contribuyentes, sino que lastra la solvencia del Estado y supone un riesgo en caso de nuevas turbulencias internacionales que urge frenar y reducir para evitar males mayores.

Asimismo, el paro sigue siendo muy alto y, aunque ha protagonizado una relevante caída, su evolución sigue dependiendo en exceso del consumo y sectores de alta temporalidad como el turismo, tal y como refleja el bache laboral de noviembre.

Es evidente que se ha avanzado mucho, pero todavía queda camino por recorrer.

El actual contexto político obliga a negociar y lograr acuerdos para afrontar estos y otros importantes desafíos, pero la política de pactos debe centrarse en las grandes reformas que todavía necesita el país. Hay que reforzar la sostenibilidad de las pensiones, tanto por el lado de los ingresos como de los gastos, pero apostando, igualmente, por medidas estructurales para impulsar la creación de empleo, incentivar la prolongación de la vida laboral o fomentar el ahorro privado.

También es necesario contener el gasto y eliminar toda la grasa innecesaria que aún acumula el sector público, con las autonomías a la cabeza, para reducir el déficit, amortizar deuda y mejorar la eficiencia de los servicios básicos.

Y todo ello sin olvidar que la mejora de la competitividad sigue siendo clave para garantizar la recuperación.

Estos cambios precisan de reflexión, sosiego y sentido común por parte de los grandes partidos. Recurrir a medidas impulsivas e inmediatas como la subida de impuestos debe ser la última opción, ya que no resuelve los problemas de fondo.