Opinión
Empleo, trabajo, reforma, laboral, empresa y leyes. PD
Aprovecharse del nuevo contexto político para revertir o anular las reformas que están posibilitando la salida de la crisis, por puro y simple interés electoralista, no solo es una insensatez, sino que constituye una grave irresponsabilidad

LA clara e ininterrumpida recuperación que ha experimentado el mercado de trabajo en los últimos años es el mejor reflejo del éxito de la reforma laboral en su lucha contra el paro, el principal problema del país.

Y la mayor prueba es el excelente ejercicio que acaba de registrar España. El número de parados bajó en más de 390.000 personas en 2016, una caída inédita hasta la fecha, tras descender en casi 87.000 personas en diciembre, según informó ayer el Ministerio de Empleo.

A este dato se añade el hecho de que la Seguridad Social ganó cerca de 540.000 afiliados el pasado año, el mayor aumento de la última década, después de sumar unos 68.000 nuevos cotizantes en diciembre.

Como resultado, el volumen total de parados ronda los 3,7 millones de personas, mientras que el número de ocupados se sitúa por encima de los 17,8 millones, regresando así a los niveles que existían en 2009, en los inicios de la crisis financiera internacional.

Aunque todavía queda mucho por hacer para recuperar todo el empleo perdido, es innegable que la reforma laboral que aprobó el Gobierno en 2012 está resultando una herramienta eficaz y positiva.

En un primer momento, cuando España todavía estaba sumida en la recesión, logró frenar la destrucción de puestos de trabajo, pero lo más relevante es que permitió reactivar la creación de empleo (El paro registra en España su mayor descenso anual de la historia: bajó en 390.534 personas).

El fruto más importante de este drástico cambio de rumbo es que el paro registrado ha caído en más de 1,3 millones de personas desde el peor momento de la crisis, al tiempo que la Seguridad Social ha recuperado 1,7 millones de cotizantes, la mitad del empleo perdido tras el pinchazo de la burbuja.

Esta esperanzadora evolución contrasta, sin embargo, con el imparable aumento del paro durante los primeros años de la crisis, cuando regía el anterior modelo laboral de inflexibles, ineficientes y anticuados convenios al que pretenden regresar PSOE y Podemos.

La reforma laboral se puede mejorar en múltiples aspectos, puesto que todavía quedan sustanciales retos por superar, como es el caso de la precariedad, la elevada tasa de paro juvenil o la mejora de las políticas activas de empleo, cuyo buen funcionamiento es crucial para facilitar y acelerar la reincorporación al mercado de trabajo, pero esto no puede servir de excusa para derogar una norma que ha demostrado, una y otra vez, su enorme utilidad y valía para reducir el desempleo.

Aprovecharse del nuevo contexto político para revertir o anular las reformas que están posibilitando la salida de la crisis, por puro y simple interés electoralista, no solo es una insensatez, sino que constituye una grave irresponsabilidad, ya que dificultaría la creación de riqueza y trabajo.

Lo que está en juego no son más o menos votos, sino el futuro y el progreso del país.