Opinión
Shakira en Davos.
Ahí lo tienen al presidente chino, Xi Jinping, diciendo "no al proteccionismo"

Imagínense cómo debe estar Davos que este 2017 han invitado a Shakira y Matt Damon para alegrar el cotarro. Pocas bromas. Los dueños del dinero hacen terapia de grupo para curar sus complejos.

A la colombiana la han premiado por su trabajo contra la pobreza infantil, lo que no ha conseguido enternecer a Carlos Segovia, que le metió un buen zasca en El Mundo: "Era inevitable recordar cómo tantos compañeros de su marido Piqué o del propio gremio de la cantante no pagan los impuestos que deben".--Piqué se niega a pagar los 2,45 millones de euros que le reclama Hacienda--

Damon es la cuota anti-Trump, el lacayo de un Hollywood que aún no ha digerido la victoria del magnate bravucón. Él, que cobra 25 millones de dólares por película, pontificará a los malvados capitalistas sobre la desigualdad en el mundo mostrando el informe de Oxfam como esos evangelistas que predican agitando la Biblia. El símbolo de que a este Davos no lo arregla ni Jason Bourne.

"Aunque su lema es: comprometidos a mejorar la situación del mundo, este año podría ser defendiéndonos de un mundo hostil", resume el Financial Times.

Rodríguez Braun tiene bien calado lo que significa Davos: "El Foro está lejos de ser liberal y representa más bien el pensamiento único intervencionista, marcado por el habitual complejo de los empresarios que, absorbiendo el mensaje de los enemigos de la libertad que absorben el mensaje de los enemigos de la libertad. Si esto es capitalismo y liberalismo, apaga y vámonos".

El esperpento de Davos lo remata China, una dictadura que se erige como la máxima defensora de la globalización.  Ahí lo tienen al presidente chino, Xi Jinping, diciendo "no al proteccionismo" y exigiendo la promoción del libre comercio. Tiene huevos.  --China’s chance to woo the global elite in Davos--

Que un comunista les venga a recordar a los amos del dinero de qué iba el capitalismo no augura nada bueno: es la muestra de cómo el ‘Brexit' y Trump ha dejado en pelotas a la ‘ruling class'. Solo falta que venga Raúl Castro a dar el discurso de clausura.