Opinión
Mariano Rajoy (PP). David Mudarra
A diferencia de lo ocurrido antes del 9N de 2014, el presidente del Gobierno dedica otro lenguaje político al 'proces' de los independentistas catalanes, como el de «golpe de Estado»

LA decisión unánime de la comisión ejecutiva de Nueva Canarias garantiza a Mariano Rajoy el último de los 176 votos que necesitará en el Congreso de los Diputados para sacar adelante los Presupuestos Generales para 2017.

El precio del disputado voto del nacionalista canario Pedro Quevedo no ha sido barato: 204 millones de euros para las islas Canarias. La estabilidad presupuestaria tiene su precio y el pagado a los nacionalistas canarios y vascos debe tener un retorno político más allá de las cuentas de este año.

En todo caso, el pacto por los Presupuestos Generales del Estado es un logro político de Mariano Rajoy, quien vuelve a hacer de la necesidad virtud con una política de pactos cuya alternativa habría sido la disolución del Parlamento y unas nuevas elecciones generales, con resultados inciertos y posiblemente tan fragmentados como los de los últimos comicios.

Hace tiempo que dejó de ser deseable que los gobiernos centrales dependieran de los nacionalismos periféricos, especialmente de aquellos con estrategias secesionistas o desleales.

Sin embargo, la falta de compromiso del PSOE con las políticas de Estado vuelve a dar a los nacionalismos un protagonismo inevitable. Con la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, Rajoy se ratificará como la única opción política capaz de dar estabilidad y certidumbre al país, no siempre por aciertos propios y en muchas ocasiones por errores ajenos.

Frente a Mariano Rajoy, en este momento, cunde la desorientación. La izquierda sigue instalada en una guerra sorda por el liderazgo peleado por PSOE y Podemos. Además, a los socialistas aún les queda trecho por recorrer antes de que Pedro Sánchez consolide su autoridad y no se vea enfrentado a una guerra de guerrillas, después de ganar la batalla de las primarias.

Ciudadanos debe superar la frontera que separa el proyecto oportunista del proyecto consolidado, porque aún parece estar en el primero, a la caza de la última imputación judicial contra cargos del Partido Popular para hacer una demostración de fuerza en el parlamento autonómico correspondiente.

Si finalmente Rajoy saca adelante los Presupuestos, reforzará su posición política frente al PSOE y frente al reto separatista catalán, al que ya dedica otro lenguaje político, como el de «golpe de Estado», después de constatar que nunca fue posible la «operación diálogo» con el gobierno de la Generalitat.

Al Ejecutivo de Rajoy le hacía falta un esfuerzo para asumir la iniciativa política y dejar de estar al albur de los acontecimientos; esfuerzo más necesario aún desde que las primarias socialistas defenestraron su interlocución con la Comisión Gestora del PSOE.